6 consecuencias y efectos físicos del estrés

Conoce las consecuencias y efectos físicos del estrés sobre nuestro organismo. ¡Evita que estos episodios se prolonguen en el tiempo para cuidar la salud!

Pese a tratarse de un término denostado en nuestra sociedad por su relación directa con diferentes enfermedades mortales, el estrés actúa como una respuesta necesaria e imprescindible en la supervivencia. Sus episodios en nuestras vidas se encuentran a la orden del día, pero no por ello somos inmunes a las consecuencias y efectos físicos del estrés sobre nuestro organismo.

Esta enfermedad del siglo XXI resulta necesaria siempre que sea bien entendida ya que prepara al cuerpo a afrontar un peligro inminente, para lo que se segregan hormonas que ayudan a reaccionar con celeridad y contundencia. El mejor ejemplo para comprender este paradigma consiste en imaginar que te encuentras en la oscuridad de la noche junto a una calle estrecha sin iluminación, y justo en ese instante aparece una sombra con un cuchillo en la mano. Nuestro pulso se acelera para incrementar la cantidad de oxígeno en nuestros músculos y comenzar a correr de manera inmediata. Este es el estrés que en tantas ocasiones nos salva de ser atropellados o que nos hace reaccionar de un modo inimaginable.

Como ya comentamos cuando tratamos acerca de los 6 síntomas claros de que sufres estrés desde hace varios meses, carece de sentido sufrir este tipo de episodios por miedos infundados de multitud de situaciones con un bajo porcentaje de que sucedan. El estrés permanente provoca que nuestro organismo mantenga unos elevados niveles de hormonas que finalmente terminan generando un desgaste. Entre las consecuencias y efectos físicos del estrés mantenido a lo largo del tiempo encontramos los siguientes:

  1. Debilitamiento del sistema inmune: una preparación explosiva como la requerida para superar un peligro inminente hace que, en caso de prolongarse en el tiempo, el sistema inmune sea el primero en debilitarse. Nuestro escudo protector decae ante las enfermedades y otros agentes patógenos (virus, bacterias o infecciones) y, como consecuencia, comenzamos a enfermar de manera irremediable.

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  1. Obesidad y sobrepeso: una persona con niveles de estrés muy elevados suele comer compulsivamente, buscando refugio en alimentos altamente calóricos. De este modo intentarás encontrar paz, sosiego y felicidad a través de la alimentación, aunque esta no sea saludable. Es frecuente que el estrés vaya acompañado de cierto grado de ansiedad y resulta imposible satisfacer una emoción mediante los excesos culinarios.
  1. Falta de energía: el sobrepeso y la debilidad del sistema inmune generan la percepción de estar cansados de manera permanente. Siembre buscas una silla en la que sentarte, tumbarte en el sofá si se encuentra disponible para ti o dormir en cualquier lugar. Ante un escenario como este es probable que te refugies en algunos estimulantes como las bebidas azucaradas, los energizantes o el café. Ninguno de ellos aporta energía vital. Al contrario, cuando los ingieres estás sobrecargando todavía más el cuerpo.
  1. Insomnio: los problemas se acumulan al mantener la atención sobre lo negativo, y al final este cúmulo de circunstancias repercute sobre la calidad del sueño. Puedes tener dificultad a la hora de dormir o despertarte a altas horas de la madrugada sin poder conciliar el sueño de nuevo. Esta es una de las consecuencias y efectos del estrés más significativos al repercutir directamente sobre el cansancio y la visión negativa del mundo que nos rodea, además de desembocar en los primeros síntomas de una depresión.
  1. Enfermedades cardiovasculares: el corazón late a mayor velocidad en pleno episodio de estrés. De manera inevitable, como sucede con los motores de los automóviles, puede empezar a fallar si se fuerza sobremanera.

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  1. Depresión y baja autoestima: la apatía y tristeza que reinan en ti hacen que tengas una visión pesimista de la vida, dejando de ser la locomotora que le da forma. Nuestra autoestima se resiente cuando permanecemos cansados constantemente. Y lo mismo ocurre con la obesidad, ya que no nos sentimos a gusto con nosotros mismos y transmitimos esa sensación a las personas de nuestro alrededor.

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