Excesos de hambre emocional poco naturales para el organismo

Conoce los motivos que nos llevan a no controlar la cantidad ingerida de comida. Estos excesos de hambre emocional son poco naturales para el organismo.

Parece una regla no escrita que suele cumplirse con exactitud una semana tras otra: los domingos permanecemos más tiempo en casa que el resto de días que componen la semana ya que lo dedicamos a descansar y rodearnos de nuestros seres queridos en el entorno familiar. También es la jornada en la que más visitas a la nevera se producen, y ahí comer resulta inevitable. ¿Casualidad?

Los motivos que te llevan una situación de hambre emocional pueden ser muy diversos. Desde tener un día complicado porque has discutido con tu pareja, pasando por probarte un vestido y que este te quede estrecho, hasta sentirte ansiosa y nerviosa sin saber por qué te encuentras en este estado. En cualquiera de estos escenarios resultará extraño que no te des una vuelta por la nevera en cuanto llegues a casa para ver qué tienes de fácil ingesta y alivio inmediato.

Este día de la marmota se repite de un modo más habitual al que muchos nos gustaría. Una de las primeras imágenes que se nos vienen a nuestra cabeza cuando hablamos de hambre emocional es la de una chica destrozada tras romper con su pareja, tumbada en el sofá y dándose un atracón de helado frente al televisor.

¿Cuántos cerebros tenemos?

Tres son las formas de reaccionar frente a los estímulos que encontramos en el exterior: el cerebro reptiliano, el límbico o emocional y el cortex o neocortex.

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Fuente: http://psicologiaycomunicacion.com/como-funcionan-las-emociones-el-cerebro-emocional/

Al sentir miedo, angustia, estrés o pánico necesitamos responder de manera rápida, ya que lo normal es que ese algo procedente del exterior pueda atacarte y causarte la muerte. Por ejemplo, lo normal es que tu cuerpo reaccione de forma instintiva y corras por el campo cuando escuchas el sonido de una serpiente que se aproxima a tus pies. En casos así prevalece el instinto de supervivencia, pudiéndonos salvar la vida en un importante número de veces.

El ser humano solo cuenta con tres formas primitivas de reaccionar:

  • Huir: peligro, me retiro como cuando la gacela es perseguida por el león.
  • Me hago el muerto: el peligro puede pasar si no hago nada ya que existe la posibilidad de que no sea detectado y pueda continuar mi vida con normalidad. Si un depredador no te ve, porque permaneces inmóvil, puedes seguir tu camino.
  • Lucho: me armo de valor, grito, enseño los dientes, me engrandezco e intento asustar al posible agresor. Estas conductas intimidatorias son útiles siempre que la persona que nos ha atacado sienta que también puede perder.

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El cerebro reptiliano es el primero que recibe los estímulos procedentes de los órganos sensitivos: vista, olfato, oído o tacto. De este modo nos protege porque intenta sacarnos de situaciones peligrosas.

Pero, ¿qué ocurre si percibes una situación como peligrosa sin ser así? Lamentablemente activarías el conjunto de tu cuerpo para responder rápidamente: los músculos se llenan de sangre para la huida-lucha, tu corazón se acelera para oxigenar tu cuerpo previendo que vas a necesitar una gran cantidad de oxígeno y tus hormonas segregan el cortisol que prolonga la liberación de adrenalina (es la que prepara al cuerpo para esta grave situación y activa el sistema inmune).

¿Y qué sucedería si este estado natural se prolonga en el tiempo? Llegados a este punto, tu sistema inmune se deprimiría hasta caer finalmente enfermo. Los virus y las bacterias en este escenario tienen una entrada más fácil en tu cuerpo.

El sistema reptiliano se encarga de alertar de peligros, mientras que el límbico segrega las hormonas que nos colocan en el estado de ánimo relacionado: miedo, culpa, felicidad e ira. Este sistema es el responsable de cómo nos sentimos en cada momento. Por último, el cerebro racional gestiona los pensamientos más inteligentes, profundos, deductivos, inductivos, lógicos, el cálculo y la comprensión del lenguaje.

Pensar y razonar, dos actividades a las que estamos acostumbrados, se vuelve complicado si el sistema límbico nos tiene atrapados. Cualquier prueba de inteligencia arrojaría peores resultados entre un grupo deprimido, angustiado o ansioso en comparación con otro que se encuentra en un estado normal.

¿Qué es el hambre emocional?

Se trata de un impulso en el que manda tu cerebro límbico e indica la necesidad de comer aunque no tengas hambre en ese momento. Somos conscientes que no pasaría nada si no comiéramos, pero resulta difícil poner freno a ese impulso que busca llenar un vacío emocional con comida. Y eso, lo lamentamos, pero es imposible.


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Cuando se habla de emoción nos referimos a un proceso hormonal y no físico como muchos todavía creen. Comer compulsivamente no va a poder saciar el hambre emocional. Sin embargo, te dirige hacia comidas poco saludables al atraparte, sobre todo priman los alimentos ricos en azúcar: golosinas, dulces, postres, chocolate. En menor medida también sobresalen aquellos que cuentan con un alto contenido en grasas: patatas fritas, bocadillos, pizzas, hamburguesas y quesos.

A ninguna persona le apetece prepararse una ensalada por hambre emocional, y lo mismo sucede con un plato de brócoli o una manzana. Nos refugiamos en conductas adictivas en los momentos en los que no nos sentimos bien, queriendo acabar con el malestar con ciertas drogas, incluida la comida.

Esta se encuentra muy asociada a contextos divertidos como puede ser las celebraciones familiares y las fiestas con los amigos. Tanto la comida como la bebida ocupa un lugar privilegiado en el homenaje. Por este motivo buscamos la comida como un premio que compense la tristeza, angustia, ansiedad y sensación de vacío que sentimos.

Nuestra autoestima se ve afectada cuando nos damos un atracón innecesario porque los remordimientos y sentimientos de culpabilidad afloran pasados unos minutos. Para acabar con el hambre emocional y sus excesos necesitas solucionar tus desequilibrios emocionales. Solo así controlarás la ingesta de comida, tomando los alimentos cuando realmente corresponda.

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