Aportaciones desde la psicología para la cuarentena por coronavirus (2ª parte)

“La herida es el lugar por el que entra la Luz”

Rumi

La buena crisis

Lo que está sucediendo en estos días a nivel planetario nos está sacando de nuestra burbuja, de la que nos separa del vecino, el cual, a pesar del aislamiento social, nunca ha estado más cerca.

De la burbuja que nos desconectada de la Tierra como súper-organismo, a la que pertenecemos como parte de un ecosistema del que somos absolutamente dependientes.

Nos está obligando a tener que tratar las causas, más que los síntomas, no solo de nuestras enfermedades particulares, sino las de nuestro tejido social en su conjunto.

La pirámide de valores se está dando la vuelta, la economía se para y nos da espacio para volver a la conciencia de que la vida es lo primero, que nunca debió dejar de ser lo primero.

Desde el punto de vista de lo que podríamos llamar la resiliencia o la buena crisis, la actitud más adecuada en este momento para superarlo, con el menor desgaste y sufrimiento posible, sería tomar las dificultades, no como problemas, sino como desafíos. Esta actitud nos ayuda a, en lugar de luchar contra ellos, que los veamos como elementos que nos invitan a crecer, evolucionar, ser más fuertes, tomar conciencia…

Y sí, ya sabemos, es difícil encontrar el aprendizaje de estar confinados en casa con los niños, el abuelo, el gato y el canario a la vez. Pero quizás sea esta la situación perfecta para desarrollar la paciencia que tanto hemos deseado y que no nos va a llegar por santo advenimiento. O para tener esas conversaciones con los hijos, que siempre intentan evadirse y que hoy no tienen la posibilidad de zafarse. O de disfrutar del abuelo y sus interminables historias, que no sabemos cuánto tiempo más le va a permitir este virus coronado seguir con nosotros.

Se entiende… esto es un desafío, que no tiene por qué ser un problema, si lo asumimos con la actitud adecuada. No podemos elegir la situación, pero sí podemos elegir cómo nos la tomamos y lo que hacemos con ella. Ese es nuestro verdadero poder, ahí reside nuestro libre albedrío.

En el poder de elegir la actitud con la que vamos a responder a la situación, que nos viene dada por la vida, tal cual es.

A continuación, vamos a desarrollar algunas ideas que nos ayuden a comprender un poco más ampliamente la situación por la que estamos pasando. Así como a desarrollar conductas que nos apoyen en esta circunstancia que algunos pueden calificar de confinamiento, aunque no lo sea realmente. Momento en el cual la convivencia se pone a prueba y en la que las malas noticias pueden llegarnos repentinamente.

Las fases del duelo

En los cincuenta metros de largo tuve tiempo para recrearme, conecté con todo tipo de emociones, algunas contradictorias como suele pasar. La cuestión es conseguir que tu voluntad prevalezca sobre las incertidumbres generadas por el reto al que te enfrenta. Si esto resultase fácil nos dedicaríamos a otra cosa. No se trata de la escalada, sino de la lucha. La oportunidad de encararnos al miedo es lo que mantiene viva la llama de nuestro fanatismo”

Javi Guzmán

Durante estos difíciles días todos estamos expuestos a recibir malas noticias en cualquier momento, esto es un hecho. Podemos estar viviendo emociones, a veces incluso contradictorias, que nos lleven al límite. Situaciones por las que no esperábamos tener que pasar en nuestra vida y que, para las personas del primer mundo, pueden resultar especialmente difíciles de asimilar.

A continuación, vamos a ver la forma en la que nuestra psique se enfrenta de forma habitual a estas situaciones.

Elisabeth Kübler Ross fue una psiquiatra de origen suizo nacida en 1926 en EEUU, que se especializó en cuidados paliativos, y en las situaciones cercanas a la muerte. Ella desarrolló un modelo sobre el duelo que contempla cinco etapas. Dichas etapas no tienen por qué darse en todos los procesos de duelo, y tampoco respetar este orden.

Estas etapas son los estados mentales habituales por lo que pasa una persona ante la pérdida de un ser querido, aún más, son las cinco emociones por las que de forma frecuente pasamos ante una pérdida del tipo que sea. Véase, en el caso que nos ocupa, nuestra libertad de movimiento o los contactos sociales.

  • Etapa de negación: Negamos la realidad de la pérdida o de los sentimientos que esta pérdida provoca en nosotros, para que nos resulte menos doloroso. Esta fase no puede durar de forma indefinida, porque choca con la realidad de la falta o pérdida de alguien o algo importante en nuestra vida.
  • Etapa de ira: Dominada por la ira y el resentimiento, resultado de la frustración que nos produce la pérdida que hemos sufrido. A la vez que la toma de conciencia de que no podemos hacer nada para remediarla. Aquí va a aparecer una fuerte sensación de enfado que se proyectará en todas direcciones buscando culpables.
  • Etapa de negociación: Intentamos crear una ficción que nos permita pensar que estamos en control de la situación. Rezar, rememorar el pasado… lo que sea para hacer como si nada hubiera cambiado.
  • Etapa de depresión: Dejamos de fantasear, la realidad del presente se impone y, junto con ella, una profunda tristeza y sensación de vacío. Podemos vivir una crisis existencial que nos hace darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad y de la fragilidad de la vida. Incluso se puede sentir una falta de motivación profunda por seguir adelante con ella. Es necesario superar esta fase aceptando que lo que hemos perdido se ha ido para siempre.
  • Etapa de aceptación: En este momento aceptamos la ausencia del ser querido o de las circunstancias que ya no están (pérdida de trabajo, de vivienda, de nuestra mascota, del estatus económico…) Y se aprende a seguir viviendo sin ello, reconociendo, aceptando, que el superar la pérdida está bien y no debemos sentirnos culpables por ello. A esta fase nos ayuda a llegar el tiempo, que va pasando. A la vez que la capacidad de desarrollar un nuevo esquema mental que nos permita asumir que nuestra vida ha cambiado, y poder integrar estos cambios para seguir adelante con nuestro día a día. Poco a poco recuperaremos la capacidad de sentir alegría y disfrutar.

La clave del proceso en su conjunto es ir aprendiendo a convivir con la idea de que aquello que amábamos ya no volverá a nuestra vida, que todo ha cambiado, y que nos va a tocar vivir en un mundo distinto, ni mejor ni peor, diferente.

En realidad, nuestra historia personal ya tiene que habernos enseñado que no hay nada que no seamos capaces de superar de un modo u otro. Esforzándonos, eso sí, e invirtiendo tiempo y energía en ello, cierto es. A veces, incluso, vamos a necesitar mucha disciplina y creatividad para no volver atrás, para superar la pérdida y encontrar sentido a todo esto.

Porque, por mucho que nos pese, estamos pasando una pandemia en la que, se reciben malas noticias cada minuto que pasa. Esto es un hecho, y no podemos pasar por ella sin sentir alguna molestia. Se impone madurar, y transitar de la fase de la negación a la de la aceptación para poder volver a la vida.

A continuación, tienes algunas sugerencias que te pueden ayudar a superar el día a día:

  • Mantén la calma: Respira profundo, la respiración calma la ansiedad y la mente.
  • Establece una rutina diaria y otra semanal. Mantenlas con disciplina militar, eso fortalecerá tu mente y tu voluntad.
  • No te sobre-expongas a la información.
  • Lleva la atención a todo lo bueno que nos está trayendo este momento, y agradece.
  • Tómate este parón en tu actividad habitual como una experiencia única, interesante, y descubre qué te puede aportar.
  • Date permiso para sentirte mal, preocupada y ansiosa… pero sin sentimientos de culpa. Acepta lo que sientes en cada momento, respira y permite que se diluya sin negarlo.
  • Relativiza: Aunque no sea un consuelo, seguro que hay situaciones peores que las de nuestro país, o que la tuya en particular.
  • Pon la atención en el presente, no adelantes acontecimientos, no inventes finales apocalípticos, ninguno sabemos lo que va a pasar; y eso, es lo mejor que puede pasarnos.
  • Sé amable, cultiva la amabilidad, contigo y con los demás.
  • Encuentra qué puedes dar en esta crisis, cómo puedes ayudar, ayudar a los demás es la mejor manera de ayudarte a ti mismo.
  • Desconecta un poco de las redes sociales, piensa en hacer un ayuno de información y permite que tu creatividad se exprese. Seguro que tienes una obra maestra en tu interior pujando por salir a la luz.
  • Cuida tus palabras: las palabras que usamos son muy importante e influyen en nuestro estado mental. Así evita decir/pensar que estas confinado, por ejemplo. Estamos cuidándonos en casa para evitar el contagio y para no enfermar.
  • Mira a ver qué tienes por ahí pendiente de hacer, eso para lo que nunca tienes tiempo: aprender un idioma, escribir un blog de recetas de cocina, empezar a tocar un instrumento de música, hacer un huerto urbano, leer filosofía…
  • Y no te olvides de sonreír, pase lo que pase sonríe. La sonrisa influye en la creación de serotonina, hormona que regula el estado de ánimo, entre otras cosas. La sonrisa, además, es contagiosa.

La búsqueda de sentido

Una de las frases más conocidas de Pascal, matemático y filósofo francés, es:

 “La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”

Al ser humano le resulta muy difícil tener una vida interior, una vida contemplativa que le llene de sentido. Por ello, sale fuera a buscar algo con lo que llenar su vida, en lugar de mirar al pozo sin fondo de su alma.

Estos días nos están ofreciendo la oportunidad de mirarnos en el espejo de nuestra alma, de buscar en ella la gran fuerza que necesitamos para superar esta situación. Porque nuestra alma/psique es inmensamente fuerte y está más que cualificada para sacarnos victoriosos de esto. Solo tenemos que pararnos un instante y darle una oportunidad.

En estos días se nos pide un parón como humanidad, en este momento histórico que estamos viviendo juntos, nos toca llevar la atención al Ser en lugar del hacer. Deberíamos aprovechar a nivel individual y colectivo para darnos cuenta de si estamos donde queremos estar. De qué es lo que nos ha traído hasta aquí. Y qué podemos cambiar para enderezar el rumbo del viaje, si la meta a la que estamos abocados no nos gusta.

Resulta vital comenzar a trabajar con nosotros mismos. Para alcanzar poco a poco cierto estado de aplomo, equilibrio, de paz mental y emocional. Y poder estar preparados para cuando cambie el viento y las circunstancias de la vida requieran de nosotros valor y fortaleza.

Dicen, que en la NASA tienen colgado un cartel con la imagen de una abeja con el siguiente texto:

 “Aerodinámicamente, el cuerpo de una abeja no está preparado para volar. Lo bueno es que la abeja no lo sabe”

Elijamos ser abejas en este momento y sobrevolemos por encima de cualquier dificultad. Nosotros tenemos una enorme ventaja. Y es que a diferencia de ellas sabemos que cultivando la actitud adecuada podemos lograrlo.

¡¡¡Así que mucho ánimo a todos, que de esta tenemos que salir mejor de lo que estábamos!!!


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