Aportaciones desde la psicología para la cuarentena por el coronavirus (1ª parte)

“Cuando la tierra esté enferma y los animales estén desapareciendo, una tribu compuesta por gente de todas las culturas vendrá a decir con hechos, y no con palabras, que el Amor es la fuente de curación, y ayudaran a restaurar la vida en el planeta”

Profecía Hopi

Desde hace unas semanas el planeta en su conjunto está viviendo situaciones excepcionales como consecuencia del COVID-19. Un virus que se ha propagado con una rapidez que no se esperaba y que ha llevado a los gobiernos de muchos países a decretar el estado de alarma. Entre las medidas que se han tomado se encuentran el aislamiento social y la restricción de movimientos.

En un país Mediterráneo como el nuestro, en el que los días comienzan a ser cada vez más cálidos y largos, está suponiendo todo un reto el cumplir con esta medida. A pesar del riesgo que saltársela puede conllevar para la salud individual, familiar y de la sociedad en su conjunto, algunos aún la incumplen.

Es un hecho que somos un país que vive en la calle, que se desplaza los fines de semana a la playa o a la sierra, que celebra cualquier ocasión tomando algo, y que trasnocha incluso los días de entre semana.

Y justo ahora, que comienza la primavera y llega el buen tiempo, el decreto de alarma nos pide que nos quedemos en casa durante un tiempo mínimo de treinta días. Un plazo que se puede ir alargando en función de cómo vaya evolucionando la epidemia y, durante el cual, por muy duro que nos resulte el confinamiento, solo podemos salir de casa por motivos de causa mayor. Por nuestro propio bien y por el bien de todos.

Pero sabemos que lo vamos a hacer muy bien porque, aunque aquí somos rebeldes y desobedientes, hemos demostrado sobradamente que, cuando hace falta, nadie nos gana a generosos, heroicos y solidarios.

Con este post pretendemos aportar diferentes enfoques y herramientas que desde la psicología nos apoyen a sobrellevar estos duros momentos, para los cuales, generalmente, no estamos preparados. Y para que puedan, no sólo ser algo menos incómodos, sino convertirse en una experiencia enriquecedora que nos ayude a sacar todo lo bueno que llevamos dentro.

La atención y el aplomo como poder

No deja de resultar irónico que seamos menos capaces de mostrar aplomo en las circunstancias que más lo requieren.

La atención que prestamos a la posibilidad de enfermar, en lugar de a nuestra capacidad innata de mantener la salud, nos debilita, porque nos resta una gran cantidad de energía.

Tenemos que ser conscientes de que muchas veces no podemos cambiar las circunstancias. En cambio, siempre podemos elegir dónde ponemos nuestra atención, así como la actitud con la que nos tomamos lo que nos está pasando. Ese es nuestro gran poder.

Cuerpo y mente conforman una unidad inteligente. El cuerpo tiene cualidades que muchas veces consideramos exclusivas de la mente. Pero no hay una separación clara entre nuestro cerebro y los nervios, por lo tanto, tampoco hay separación entre el cuerpo y la mente. Todo nuestro sistema funciona como una unidad.

Esto quiere decir que nuestros pensamientos y sentimientos influyen en nuestro cuerpo y en su estado de bienestar. Y, por otra parte, y no menos importante, nuestro cuerpo influye en nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes.

A modo de ejemplo, todos sabemos las pocas ganas de movernos que tenemos cuando nos sentimos tristes. Igualmente, lo abatidos y deprimidos que podemos llegar a estar cuando nos duele algo.

Un elemento clave para conseguir el cambio de actitud deseado, y al que habitualmente se le presta poca atención, es conseguir la armonía o el equilibrio de este sistema cuerpo-mente. Este equilibrio interno lo vamos a sentir como una forma de lo que podemos llamar aplomo.

Según mi propia experiencia, el aplomo se siente como un peso o fuerza en la zona baja del vientre, por debajo del ombligo. Aquí está nuestro centro de gravedad, es esta zona a la que algunas culturas orientales llaman Tan-tien.

¿Cómo alcanzar este aplomo, o seguridad y confianza para mantener nuestro equilibrio interno en este momento? ¿Para sostener y abordar las diversas circunstancias que se nos presentan en el día a día, nos vengan como nos vengan? Eso es lo que vamos a ver a continuación.

Una triada vital

Para conseguir esta actitud de aplomo o seguridad, debemos tener en cuenta tres elementos: cuerpo, mente y respiración.

El cuerpo: Incluye la postura y la expresión facial.

Podemos decir que una postura corporal correcta nos ayuda a estar en armonía con el medio, y que una mala postura malgasta energía.

Así, la sutilidad de la postura determina la forma y la actitud con la que enfrentamos los riesgos. La postura correcta amplía la cavidad pulmonar y mejora la calidad de la respiración.

Hace falta una gran cantidad de energía y atención para sostener el cuerpo cuando está desequilibrado. Por el contrario, con la postura es correcta, necesitaremos un mínimo de energía para mantenerlo derecho. Esto permite que nuestra energía vital pueda dedicarse a subir nuestra respuesta inmune.

Así mismo la postura tiene efectos mentales. Cuando estás de pie en la postura correcta te sientes más seguro de ti mismo, con más aplomo. Lo cual se traduce en que será más difícil que algo o alguien te “haga caer”.

Desde la psicología Gestalt está ampliamente comprobado que una postura correcta aumenta nuestra confianza, lo que va a influir en el equilibrio mental. Lo que a su vez va a influir en nuestro estado de bienestar o salud.

El gesto facial es otro elemento importante que refleja cómo se siente nuestro cuerpo-mente, a la vez que es un centro regulador de este. Si tenemos una mueca de duda, nuestro cuerpo-mente dudará, pero si asumimos una mirada de seguridad, el cuerpo-mente confiará.

Podemos comprobar que gesticular es una respuesta que crea e incluso engrandece los sentimientos.

En lugar de hacer muecas, un mecanismo que nuestro sistema interpreta como un acto de defensa que nos prepara para el ataque o la huida, deberíamos optar por una expresión facial abierta y relajada.

Una que nos permita contemplar la situación de forma neutra y generar nuevas respuestas más creativas y adaptadas a la nueva situación en la que nos encontramos. La expresión facial relajada potencia una mente tranquila, receptiva y creativa.

Ahora ya sabemos en qué se fundamenta, lo necesaria y beneficiosa que puede llegar a ser desarrollar una postura corporal adecuada y un gesto facial relajado de ojos blandos y abiertos. Ello nos permitirá generar nuevas y aplomadas respuestas, ante situaciones nuevas que nos retan y que tiene el potencial de sacarnos de nuestro centro. Precisamente por ser desconocidas o poco habituales.

La mente: Incluye comportamientos internos como el diálogo interior, los pensamientos y las emociones. Ya que las emociones, también son mentales, aunque las sintamos en nuestro cuerpo.

Nuestros pensamientos están condicionados por nuestras emociones, y en estos días la emoción predominante es el miedo, porque hemos entrado en modo supervivencia. En estos momentos que te sientes amenazado personalmente, no permitas que los sentimientos inconscientes de tu instinto de supervivencia gobiernen tus acciones. Debemos elegir los pensamientos y emociones que nos apoyen en esta situación, poniendo un poco de atención a nuestro mundo interior podremos hacerlo.

Adopta una actitud de posibilidad, pregúntate, ¿qué puedo hacer para mantenerme fuerte mentalmente en esta situación? Las respuestas llegarán solas. Todos tenemos experiencias personales de situaciones que nos han puesto al límite y hemos recurrido a nuestros recursos personales para afrontarlos.

Ya hemos creado caminos neuronales, esquemas mentales, que nos facilitan dicha acción, cada uno los suyos. Apliquemos las fórmulas que nos han resultado exitosas en nuestra vida pasada al momento presente, porque todo lo vivido nos ha traído hasta aquí. La experiencia acumulada en el camino es la que nos puede sacar de esto victoriosos.

En todo caso, a veces nos toca reconocer que no podemos hacer nada, la mejor opción posible es quedarnos quietos y aceptar la situación tal cual es. Confiando en la vida y en su inteligencia, que siempre nos ha llevado hacia la evolución por caminos inéditos.

Así la aceptación se convierte en una postura mental que abre senderos y genera el cambio positivo en nuestro sistema, hacia el equilibrio y la sanación.

La respiración: En este caso va a ser el mecanismo vital a través del cual integramos la mente y el cuerpo.

La respiración es la única función corporal que puede ser totalmente voluntaria o completamente involuntaria. A través de la respiración se conectan el cuerpo y la mente. La respiración inconsciente expresa el estado del cuerpo-mente, y la respiración consciente influye en este estado.

Cuando estamos estresados, nuestra respiración tiende automáticamente a volverse superficial e irregular. El estrés produce una mala respiración y una mala respiración produce estrés.  Una respiración profunda y regular reduce la tensión.

Así, con un poco de práctica, podremos intervenir en el estado de nuestro cuerpo-mente a través de la respiración, que se convertirá en una gran herramienta para el control del estrés. Así como de otras tantas emociones incómodas por las que, habitualmente, preferimos no dejarnos dominar. Y que nos restan capacidad de responder, de forma libre y efectiva, al medio.

Podemos decir que una respiración correcta es una gran herramienta en estos momentos difíciles porque:

  • Dirige la atención hacia el cuerpo y las situaciones que tenemos delante, trayéndonos al presente.
  • Diluye el miedo, la ansiedad y la tensión.
  • Integra el cuerpo y la mente de forma consciente, lo cual mejora el equilibrio entre ambos y el estado de salud.
  • Oxigena la sangre, reduciendo el ácido láctico y el dióxido de carbono.

Estos elementos, – postura corporal, gesto facial y respiración -, son fácilmente modificables si les dedicamos un poco de atención consciente. Y los beneficios sobre nuestra mente y nuestra actitud serán inmensos. Porque la postura corporal, el gesto y la respiración son nuestras, y podemos ir adquiriendo, con algo de práctica, cada vez más consciencia y control sobre ellos para alcanzar el equilibrio mental.

Aunque no podemos controlar el estado emocional de las personas que nos rodean, si estamos en armonía, nos convertimos en una influencia positiva para ellos. Siendo esa la mejor aportación que podemos hacer a la convivencia del grupo en este momento.


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