Cómo desconectar de verdad en vacaciones

“El descanso es la parte más infravalorada del entrenamiento”

Javi Guzmán, Coach y Guía de Escalada

Escribo este post desde un rincón en los Ancares leoneses. Es el fondo de saco de un recóndito valle, donde termina la carretera y no llega la conexión al wifi, salvo en puntos muy estratégicos del pueblo, que todo el mundo conoce. Todo el mundo, son menos de veinte personas en invierno y no más de doscientas en verano. Como este verano es raro, ya lo sabemos, ni siquiera llegan a cincuenta las personas que disfrutamos, por el momento, de la paz y la serenidad de este paraíso.

Para mí, esta es la máxima desconexión, y es el lugar al que vengo cuando me quiero olvidar de todo, y desconectar del mundo para encontrarme conmigo misma, a la vez que recordar que formo parte de un todo más grande, que me sostiene y me hace sentir incluida.

Porque eso es lo que tiene la naturaleza cuando nos acercamos a ella, recordarnos que su fuerza es nuestra fuerza, que su vida es la nuestra, y que al igual que ella, somos abundantes, porque, aunque lo hayamos olvidado, formamos parte.

Creo que el tema no es solo desconectar, sino poder reconectarnos, para cargar las pilas y volver a la batalla del día a día con energías renovadas. Más aún este año, que ha resultado ser tan desafiante y hasta duro para la mayoría de nosotros, y que necesitamos olvidarnos de los estresantes meses de confinamiento, e incluso distanciamiento de nuestros seres queridos. Y en otros casos, recuperarnos de una sobredosis de convivencia, en la que se ha hecho un gran esfuerzo por conciliar familia y teletrabajo.

Desconexión mental

Pero es verdad, que podemos estar en el fin del mundo, que si a nivel mental nuestros pensamientos siguen ocupándose de aspectos diversos del tema que queremos dejar atrás, de nada sirve.

Por lo tanto, lo primero que debemos hacer es resolver esta contingencia. Debemos llegar a un acuerdo con nuestra mente para que nos permita disfrutar, y que se olvide durante unos días de la esfera laboral, o lo que sea que venga al caso.

¿Cómo hacemos esto?

  • Intentaremos dejar cerrados los máximos temas posibles antes de irnos de vacaciones, sobre todo los importantes.
  • Sobre aquellos que no podamos cerrar antes de irnos, dejaremos una pequeña programación, un plan de actuación con fechas incluidas, para ponernos con ellos a la vuelta.
  • Tomaremos conciencia de la necesidad de descansar y desconectar de verdad para ser plenamente eficaces al volver.
  • Tendremos en cuenta que, durante estos días de descanso, la mente en modo “diferido”, seguirá haciéndose cargo de todo, no podemos evitarlo, así que tomaremos nota de las ideas valiosas que nos vengan, para ocuparnos de ellas a nuestra vuelta. Así la mente sentirá que le prestamos atención y nos dejará tranquilos.
  • Y, sobre todo, recordaremos que nos lo merecemos, que hemos trabajado duro, y que el descanso es una parte fundamental e insustituible de la buena productividad. Una persona agotada y quemada no es productiva ni rentable para la empresa.

Desconexión física

Igual de importante que la desconexión mental es la desconexión física. Por ello, de forma instintiva, cambiamos de ambiente cuando queremos descansar.

Trasladarnos de región o de país, desplazarnos a la montaña o al mar, son elementos que favorecen la desconexión. Yo a veces he sentido, que con el simple hecho de haber conducido quinientos kilometro para respirar a orillas del mar, ya estaba lista para volver a empezar.

Desplazarse ayuda, pero generalmente eso no es suficiente. Debemos cortar lo máximo posible la comunicación tecnológica que nos mantiene unidos a lo que queremos dejar atrás unos días. No llevarnos el teléfono del trabajo, ni entrar en su grupo de WhatsApp, son algunos comportamientos que colaboran a esta toma de distancia tan necesaria.

Otro podría ser, no enviar ni contestar correos…

Aunque pensar en dejar de hacer todas estas acciones, a más de uno solo con imaginarlo ya nos produce ansiedad… buen indicador de lo importante que es para nosotros, que nos tomemos muy en serio dejar de hacerlo.

Descanso activo

No a todo el mundo le va eso de tumbarse a la orilla del mar a contemplar el vaivén de las olas, escuchar el sonido de las gaviotas y recibir los revitalizantes rayos de sol.

Hay personas que requieren un mayor nivel de actividad, y eso está bien para ellos, porque lo que hace que descansemos, es precisamente el cambio.

Así que, podemos desconectar realizando aprendizajes nuevos para nosotros que no tengan nada que ver con nuestro mundo laboral.

Practicar nuevas actividades deportivas, como puede ser un curso de vela, buceo, escalada, sólo por poner algunos ejemplos.

Otra actividad que puede ser muy inspiradora y ayudarnos a renacer, es hacer senderismo o realizar alguna etapa del Camino de Santiago.

Por otra parte, en este momento son muy populares los cursos residenciales de crecimiento personal, que pueden ir de un fin de semana hasta diez días de duración, y que versan sobre diversidad de interesantes temáticas.

También están las semanas multiaventuras, que se adaptan a nuestro nivel, a la vez que nos ofrecen actividades que suelen sacarnos de nuestra zona de confort. Porque salir de nuestra zona de confort es una muy buena forma de desconectar de lo cotidiano, ya que nos da la posibilidad de auto-descubrirnos ejerciendo otros roles, sacando a la luz competencias y talentos que no solemos fomentar, a la vez que mantenemos la cabeza centrada en otras cosas. Ya que estas actividades suelen incluir aspectos que necesitan de toda nuestra atención, para que no se convierta en demasiado arriesgada de forma innecesaria.

Cambiar rutinas

Una de las cosas que más aprecio de las vacaciones es poder saltarme los horarios, cambiar las rutinas. Ese simple detalle aporta a los días frescura, sensación de innovación y de aventura.

Así como planificar lo menos posible y poder fluir con lo que nos va trayendo el momento e improvisar.

Por ejemplo, no tener reservados todos los alojamientos en los que vamos a pasar la noche, ser flexibles en los horarios de las comidas y poder adaptarlos a las necesidades de las actividades que queremos realizar, animarnos a probar la cocina tradicional de los lugares por los que pasamos en nuestro viaje…

Y por supuesto, la máxima desconexión para mí es viajar, viajar y viajar. Porque viajando se desconecta de verdad. Visitar otros lugares con otros paisajes y otras costumbres y rutinas nos obliga a mantener la atención en el momento presente, así como a sostener cierto nivel de estado de alerta, curiosidad e interés. Con lo que se hace más difícil recordar de forma inconsciente todo aquello de lo que nos queremos olvidar, durante estos días de merecido descanso, antes de volver a la batalla de lo cotidiano.


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