Funcionamiento del sistema inmunitario

Érase una vez… el cuerpo humano. La famosa serie del francés Albert Barillé explicó a miles de niños en los años 80 el funcionamiento del cuerpo humano. A través de esta serie, muchos pudieron saber cómo hacemos la digestión, el funcionamiento de la piel, cómo vencemos los ataques los virus… Pero, para aquellos que no se perdieron esa famosa lección, hoy vamos a hablar del funcionamiento del sistema inmunitario

El sistema inmunológico es nuestra mejor barrera contra las infecciones, nuestro escudo, nuestra protección. Es la cadena de elementos que destruye los organismos infecciosos. Antes de explicar cómo es el funcionamiento, es recomendable definir dos conceptos: la inmunidad y la inmunología. La primera, es la resistencia que presentan los organismos frente a la infección. Es decir, el conjunto de mecanismos por los cuales nuestro organismo reconoce todos los tipos celulares y establece un equilibrio que rechazará cualquier célula ajena. Con respecto a la inmunología, es la encargada de todos los mecanismos que defienden nuestras integridad ante cualquier elemento extraño. 

Los antígenos son cualquier molécula que el cuerpo identifica como ajena independientemente de que sea perjudicial o no y los anticuerpos son proteínas específicas (linfocitos) que el organismo fabrica como respuesta a la presencia de un antígeno.

¿Cómo funciona el sistema inmunitario?

Cuando en nuestro cuerpo aparece una célula extraña, este conjunto de sistemas, tejidos, moléculas que forman el sistema inmunitario es capaz de reconocerla y poner en marcha unos procesos celulares para destruirla. Para ello tenemos unos mecanismos de defensa.

El cuerpo humano ha creado estos mecanismos de defensa para impedir que esos patógenos de los que hablamos traigan consecuencias en nuestro metabolismo. Para hacer frente a esto, tenemos tres niveles de mecanismos de defensa:

Los primarios, cuyo objetivo es impedir la entrada del microorganismo en el cuerpo. Pueden ser de tres tipos: mecánicos y físicos (piel y mucosas), químicos (mucus, sudor, secreciones, lágrimas y mecanismos como la tos y el estornudo) y biológicos como la flora bacteriana.

Los secundarios, actúan contra cualquier microorganismo que ha logrado entrar en el organismo. Se caracterizan por su respuesta rápida pero no tienen memoria inmunológica. Pueden ser células inespecíficas (fagocitos, mastocitos y células cebadas).

Los terciarios, se caracterizan por adaptar la respuesta inmunitaria y mejorar la identificación y eliminación del patógeno. Además, ante un segundo ataque del mismo patógeno tiene una respuesta más rápida.

Todos estos mecanismos hacen que nuestro cuerpo elimine el patógeno. Pero, ¿cómo se comunican? “En la primera línea de defensa del cuerpo está el grupo de células llamadas macrófagos. Estas células circulan por la corriente sanguínea y en los tejidos del cuerpo, vigilantes de los antígenos. Cuando un invasor entra, un macrófago rápidamente lo detecta y lo captura dentro de la célula. Enzimas en el interior del macrófago destruyen al antígeno procesándolo en pedacitos pequeños llamados péptidos antigénicos. A veces este proceso por sí solo es suficiente para eliminar al invasor. Sin embargo, en la mayoría de los casos, otras células del sistema inmunológico deben unirse a la lucha. Pero antes de que otras células puedan empezar su trabajo, los péptidos antigénicos dentro del macrófago se unen a moléculas llamadas antígenos de leucocitos humanos o HLA. La molécula de HLA unida a al péptido, ahora llamada complejo antigénico, es liberada del macrófago. Las células llamadas linfocitos de la clase T, pueden entonces reconocer e interactuar con el complejo péptido antigénico-HLA que se encuentra en la superficie del macrófago”, explican desde la Arthritis Foundation

“Una vez que dicho complejo es reconocido, los linfocitos T envían señales químicas llamadas citocinas. Estas citocinas atraen más linfocitos T. También alertan a otros linfocitos, de la clase B, para que produzcan anticuerpos. Estos anticuerpos se liberan a la circulación sanguínea para encontrar y unir más antígenos, de tal forma que los invasores no se puedan multiplicar y enfermarlo. En el último paso de este proceso, una célula llamada fagocito se encarga de remover el antígeno del cuerpo”, añaden.

Cuando algo no va bien…

Cuando el sistema inmunológico falla y, no puede distinguir a las células propias de las ajenas, explican desde la Arthritis Foundation, “en vez de luchar contra antígenos externos, las células del sistema inmunológico o los anticuerpos que producen, pueden ir en contra de sus propias células y tejidos por error. A este proceso se le conoce como autoinmunidad, y los componentes involucrados en la ofensiva se llaman linfocitos autorreactivos o autoanticuerpos. Esta respuesta errónea del sistema inmunológico contribuye a varias enfermedades autoinmunes, incluyendo varias formas de artritis”.

Entre las enfermedades que podemos tener se encuentran la alergia y el asma. Son respuestas inmunitarias a sustancias que en general no son dañinas, las enfermedades por deficiencia inmunitaria que son trastornos que se producen cuando falta uno o varios de los componentes que forman el sistema inmunitario y las enfermedades autoinmunes, trastornos que causan que el sistema inmunitario ataque por error a nuestras propias células y órganos.

Cómo cuidarlo

Existen nutrientes relacionados directamente con el sistema inmunológico como explica el canal de Mapfre Salud, como:

Vitamina C: reduce la duración y la severidad de las gripes y resfriados. La encontramos en frutas, verduras y hortalizas, como las fresas, el kiwi, cítricos, melón, pimiento, tomate y col.

Vitamina A: contribuye a mantener las barreras naturales contra las infecciones (mucosas). La encontramos en hígado, mantequilla, nata, huevos, lácteos y algunas frutas como el albaricoque, cerezas, melón y melocotón.

Vitamina E: aumenta la respuesta inmunológica. Presente en aceite de germen de trigo, de soja, cereales (pan, arroz, pasta integral…), aceite de oliva, vegetales de hoja verde y frutos secos.

Otras vitaminas: tienen especial importancia las vitaminas del grupo B; tanto los alimentos de origen vegetal como animal son ricos en ella: carne, vísceras, pescado, marisco, huevos, cereales, legumbres, frutas, verduras de hoja verde…

Hierro: hígado, carne (especialmente la de caballo), pescado y huevos.

Zinc y selenio: presentes en casi todos los grupos de alimentos.

Adicionalmente, existen diferentes complementos alimenticios naturales que contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario.


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