El impacto psicológico de la COVID-19: fatiga pandémica

La pandemia causada por la COVID-19 ha provocado un desequilibrio físico y mental en las personas del que se está teniendo evidencias ahora, un año después del primer confinamiento obligatorio que sufrimos. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en España el 40% de la población presenta síntomas de depresión.

Hemos tenido que aprender a vivir de otra manera: evitar el contacto físico con otras personas, teletrabajar o salir de casa únicamente para lo imprescindible se han vuelto hábitos diarios a los que no estábamos acostumbrados Como se preveía, esto nos ha generado un malestar que ha podido derivar, en muchos casos, en cansancio, ansiedad o depresión. De hecho, un estudio realizado por Infocop (órgano de comunicación del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos) revela que estos síntomas pueden aparecer entre cuatro y seis meses después de la cuarentena. En el caso de los empleados de hospitales, los síntomas pueden aparecer hasta tres años después. Además, el análisis también revela que los trabajadores de la salud presentan síntomas más graves de estrés postraumático que el resto de la sociedad.

Uno de los mayores problemas es que las investigaciones que se han realizado sobre los efectos psicológicos de la COVID-19 son reducidos, ya que se ha dado especial prioridad a preservar la salud física de los pacientes. Según Jose A. Muñoz-Moreno, el investigador de la Fundación Lucha contra el Sida y las Enfermedades Infecciosas, será a partir de ahora cuando los sistemas de salud de todo el mundo “se centren en los aspectos psicológicos de la enfermedad que seguro afectarán a largo plazo”.

Fatiga pandémica, un nuevo concepto para una nueva situación

La OMS, tras hacer un análisis de los síndromes psicológicos que está provocando la pandemia, denominó fatiga pandémica al desgaste emocional y al conjunto de una serie de síntomas derivados de la COVID-19 y las consecuencias que esta pandemia ha generado en la población mundial. Es decir, se trata del estrés generado por cualquier estímulo que tenga que ver con la pandemia generada por la COVID-19. De hecho, los expertos en salud mental llevan meses advirtiendo de que vivir durante mucho tiempo con niveles de estrés muy altos puede ser peligroso para la sociedad, ya que genera conductas inadecuadas que pueden derivar en crispaciones sociales o sucesos violentos.

Esta fatiga pandémica es la consecuencia del aislamiento social, de la incertidumbre ante la situación que vivimos, del clima negativo que desborda nuestra sociedad o de la transformación de nuestros hábitos diarios. La consecuencia de esto es un estado psicológico caracterizado por la ansiedad, la tristeza, la apatía o la desesperación.

Recomendaciones para combatirla

Para hacer frente a estos problemas, el grupo de trabajo del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud ha determinado algunas recomendaciones que pueden ayudar a mitigar las consecuencias de esta fatiga pandémica.

Por un lado, es aconsejable fomentar y mejorar la comunicación entre los grupos de población, de manera que se escuche y se empatice con las personas que sufren estos síntomas. Por tanto, también es necesario promover la participación ciudadana para que se establezca un diálogo bidireccional entre los profesionales de la salud y las poblaciones más afectadas. Entre los grupos más vulnerables, destacan las mujeres, los adolescentes y los profesionales empleados de la salud.

Sin embargo, luchar contra esta fatiga pandémica también es un esfuerzo que debe abordar cada persona individualmente. Requiere una reflexión interior sobre dónde nos queremos colocar en esta situación: podemos, por un lado, desplegar nuestra capacidad para tratar de sentirnos lo mejor posible, o podemos, por el lado opuesto, dejarnos llevar por la situación y culpar a otras personas de nuestro malestar. Es decir, a pesar de que se trata de una situación de excepcionalidad muy complicada para toda la población, también se trata de un problema de actitud a la hora de enfrentarse a las circunstancias. En este sentido, el departamento médico de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), ha ofrecido una serie de recomendaciones que podemos aplicar a nuestra vida diaria para mejorar nuestro estado de ánimo:

–     Debemos cuidar nuestro cuerpo manteniendo una dieta equilibrada, durmiendo suficiente (lo ideal es descansar entre 7 y 8 horas por la noche) y haciendo ejercicio regularmente para mantener figura y mente en sintonía. Esto aumentará nuestra energía mental y fortalecerá nuestro sistema inmunológico. Algunas de las actividades recomendadas son el yoga, andar por el campo, leer o, incluso, ver una comedia en la televisión. Es decir, debemos encontrar rutinas y pasatiempos que generen bienestar, siempre que sean compatibles con la situación del momento.

–     El contacto social también es importante para el equilibrio mental. A pesar de que se deben tomar precauciones para evitar el contagio y la propagación de la COVID-19, el aislamiento duradero puede empeorar la situación psicológica de las personas. Por ello, es necesario no perder contacto con nuestros seres queridos, aunque sea de manera telemática (no hace falta que sea a través del contacto físico)

–     Aceptar las emociones y sentimientos que nos abordan también es importante, pero es mucho más significativo cuando estas son desagradables. En muchas ocasiones, tendemos a ignorar sentimientos negativos porque nos generan malestar. Sin embargo, un trabajo realizado por la Universidad de Texas demostró que evitar este tipo de emociones provoca que se fortalezcan y que generen mayores enfermedades en cuerpo y mente. Por tanto, primero debemos aceptar que, en ocasiones, podemos sentirnos mal y, segundo, enfocar nuestra atención a actividades que nos hagan sentir bien para conseguir mitigar o reducir ese tipo de emociones. En este sentido, también es necesario el diálogo interno positivo porque nos ayuda a ser conscientes de nuestros pensamientos negativos y nos permite reemplazarlos por otros positivos.

–     Nos encontramos absortos en noticias relacionadas con la pandemia y la COVID-19, y esto puede generar un aumento del malestar emocional. Por tanto, a pesar de que debemos estar informados, también es recomendable limitar este consumo de noticias diarias. Por ejemplo, se puede descansar de este tipo información unas horas al día que tú mismo estipules o se puede descansar incluso algún día completo.

En definitiva, el impacto psicológico, o fatiga pandémica, que se ha generado en las sociedades a nivel mundial es muy amplio y puede ser duradero. Sin embargo, se pueden tomar medidas, tanto a nivel grupal como a nivel individual, para mitigar estos efectos negativos.


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