El poder creador de la palabra

En muchas ocasiones, lograr los objetivos que nos proponemos, es algo difícil de conseguir porque requiere un esfuerzo adicional por nuestra parte.

Sin embargo, todos conocemos personas que logran todo aquello que se proponen y parece que no hay nada que los pueda detener. Podríamos pensar que esas personas están dotadas de alguna cualidad especial que los lleva a obtener de la vida todo lo que ellos quieren, mientras que los demás no somos capaces de hacer lo mismo.

Los fundadores de la Programación Neurolingüística (PNL) estudiaron los patrones mentales que usamos cuando alcanzamos un objetivo, y las diferencias que hay cuando no lo logramos. Descubrieron que el diálogo interno que sostenemos con nosotros mismos es distinto, así como las imágenes mentales y las sensaciones sobre nuestro proceso hacia la meta.

Así descubrieron que cuando un objetivo nos gusta y nos motiva, nuestros patrones mentales trabajan en conjunto y se dirigen hacia él sin importar los obstáculos. En estas ocasiones, cumplimos nuestros objetivos casi sin darnos cuenta, sin sentirlo como una carga ni como un gran esfuerzo, sino todo lo contrario, lo disfrutamos y lo sentimos como algo placentero.

El diálogo que sostenemos, las palabras que elegimos, los comentarios que hacemos, producen sentimientos. Cuando estas palabras, junto a las emociones que suscitan, son opuestas al logro de nuestros objetivos, tienen graves consecuencias sobre nuestros patrones mentales.

Esta es la forma más sencilla de boicotearnos sin darnos cuenta de lo que hacemos. La mente necesita un rumbo e instrucciones claras para moverse en una u otra dirección. Hace lo que le pedimos cuando se lo indicamos, pero si no se lo pedimos, no va a hacer nada.

Necesitamos aprender a usar el lenguaje a favor de nosotros mismos y así minimizar las posibilidades de autoboicot. Para lo cual, vamos a necesitar aprender nuevas fórmulas lingüísticas para expresarnos ante nosotros y ante los demás.

El lenguaje que usamos para ello es muy importante, ya que es la herramienta que tenemos para mandar el mensaje correcto a nuestra mente.

Así, podemos darnos cuenta de cómo hemos perdido oportunidades de tener éxito por un mal planteamiento del objetivo, manifestado con un lenguaje negativo, ambiguo o incongruente.

A continuación, vamos a ver una lista de expresiones que todos usamos, y que deberíamos evitar en el planteamiento de nuestros objetivos, si queremos tener posibilidades reales de alcanzarlos.

Errores más comunes que cometemos al enunciar un objetivo

  • Uso del NO: la mente no registra el no, por lo que nos boicoteamos al plantearnos objetivos tales como “no quiero comer carne”. Al decir esto la imagen de la carne aparece en nuestra mente y entonces se nos hace más difícil dejar de comerla. Sería más adecuado decir “quiero comer más verdura”, “comer fruta me sienta bien”.
  • Mañana: Al hablar o pensar respecto a un objetivo es un error decir “mañana”, porque esta fecha no existe en el calendario, y esto confunde a la mente, porque en realidad, mañana nunca llega. Lo mismo sucede con expresiones como “un día de estos” o “la próxima semana”, ya que estos tiempos son demasiados ambiguos. La “próxima semana”, por ejemplo, sucede cada semana. Sería mucho más adecuado poder definir una fecha concreta.
  • Tengo que: generalmente asociamos esta expresión con tareas o acciones que nos cuesta hacer, o nos disgusta realizar. “Tengo que” implica una carga y un peso que nos detiene, por lo que hay que evitarlo en el planteamiento de objetivos. Porque decimos “tengo que limpiar la casa”, pero no solemos decir “tengo que ir a una fiesta” o “tengo que ir al cine”, a menos que no queramos ir.
  • Dudas sobre el logro: ante cualquier vacilación, la mente se detiene y no continúa con los pasos necesarios para alcanzar el objetivo, ya que es lo suficientemente inteligente para no seguir ante cualquier titubeo. La expresión “sí, pero” condiciona la posibilidad de conquistar la meta. El “pero”, es una palabra que cancela la segunda parte del enunciado: “estoy a dieta, pero es Navidad”. Lo que quiere decir que romperé mi dieta y esto me impedirá alcanzar mi objetivo. El “pero” transmite a la mente dudas y falta de compromiso con las metas.
  • Qué pereza: al decir esto el cuerpo inmediatamente responde. Es una orden y el cuerpo entero se relaja y deja de tener energía, por lo que no puede continuar, con lo que el logro del objetivo desaparece de mi alcance.
  • Qué aburrido: con estas palabras el cuerpo responde, deja de comprometerse en la tarea y no habrá manera de encontrar recursos alternativos válidos para la acción. Mientras digamos o pensemos “qué aburrido” disminuirá el interés, la motivación y la energía disponible para la acción.
  • Creencia limitante: estas suelen venir acompañadas por un “no puedo”, u otras palabras que denotan incapacidad o que sucederá algo negativo si lo hago: “no puedo bajar de peso, mi constitución es así”, “no puedo aprender inglés, se me dan mal los idiomas”, “no puedo pasear sola por el bosque, es peligroso”.

Enunciar objetivos de la forma adecuada

La regla básica para enunciar un objetivo de la forma adecuada, sería hacerlo en tiempo presente simple, en positivo y afirmativo.

  • Al plantearlo es importante usar el presente porque la mente reconoce e interpreta mejor ese tiempo verbal. Incluso hay que tener cuidado con el presente continuo, “voy a”, porque esa expresión implica futuro.
  • Plantear el objetivo de forma positiva aumenta la posibilidad de éxito. Para ello, es mejor decir “quiero bajar de peso” o “elijo bajar de peso”, que “tengo que bajar de peso”. Esta última expresión añade una carga adicional, implica deber y obligación, en lugar de elección libre y disfrute. Todo lo que elegimos libremente es más fácil de llevar a cabo que lo que se nos impone.

Por otra parte, enunciarlo en positivo elimina el boicot. En lugar de decir “no quiero enfermarme”, mejor “quiero estar sana”. Esta última expresión no solo elimina el “no”, si no que sustituye la imagen de la enfermedad por la de la salud.

  • Enuncia tus objetivos en presente, en positivo, y como si ya los hubieses logrado, siente tus emociones al respecto, y ánclate en ellas. Este registro emocional le da a tu mente la señal de que ya lo has logrado, por lo que pondrá todos los recursos disponibles para actualizar en tu día a día lo que para ella ya es un hecho.

Conclusiones

Para concluir, destacar que nuestros recursos mentales, puestos en práctica consciente y adecuadamente, pueden cambiar nuestros estados emocionales y crear contextos más saludables que nos lleven a un mejor estado de salud y a una mejor calidad de vida.

Mediante el uso asertivo del lenguaje, la manera en que codificamos nuestros pensamientos, y otros recursos mentales que ya son nuestros, modificaremos aquello que nos molesta, nos preocupa o, de alguna manera, nos bloquea.

Toda persona tiene en sus manos la solución a sus problemas. Sólo es cuestión de aprender cómo hacerlo, a la vez que querer hacerlo, y nos será posible avanzar en la dirección elegida.

Y aunque a veces estos cambios puedan parecer fortuitos e incluso milagrosos, están basados en la repetición, que es como se construyen nuevas programaciones que logran eliminar aquellas que nos generan conflicto.

Así que vamos a entrenar nuestra mente para dejar de usar estas expresiones que sólo confunden y boicotean nuestros intentos de lograr las metas que tanto anhelamos, y por las que tan seriamente trabajamos.

¡Manos a la obra y a practicar!


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