El síndrome post vacacional, el estrés de la vuelta al trabajo

Se nos está acabando el verano y, para la gran mayoría de nosotros, también las vacaciones.

Vacaciones que este año hemos disfrutado de forma especial ya que han sido precedidas por varios meses de confinamiento, al que no sabemos si tendremos que volver. Así que, como el resto del año, este periodo vacacional también ha sido raro, ya que lo hemos disfrutado con un regusto a libertad condicional. Por lo que creo que, quien más quien menos, ha intentado estar en el presente para no preocuparse por lo que fue, ni por lo que vendrá.

Pero como al final todo se acaba, aquí estamos de nuevo, volviendo a la rutina diaria con sus ritmos y tareas.

Y a veces, esta vuelta se nos hace demasiado cuesta arriba, tanto, que se ha acuñado el término síndrome post-vacacional, para definir el conjunto de síntomas que califican el estado de ánimo que acompaña de forma cada vez más habitual, a esta falta de adaptación a la vuelta al trabajo, tras el final de las vacaciones.

Este cuadro se asemeja, aunque en su forma leve, a una depresión reactiva. Va acompañado de falta de motivación, baja capacidad de concentración, desgana, cansancio, falta de apetito, insomnio, irritabilidad, ansiedad de leve a moderada, tristeza, falta de energía, pensamientos anticipatorios y preocupación. Todo ello no solo conlleva un estado de ánimo incómodo para el que lo sufre, sino también un menor rendimiento en las rutinas del puesto de trabajo.

Nada grave y nada que no se pueda resolver con un poco de planificación y con el enfoque adecuado.

¿Cómo afrontar el síndrome post-vacacional?

Las recomendaciones de los expertos para afrontar la vuelta al trabajo minimizando la oportunidad de que aflore este cuadro son las siguientes:

  • Volver de las vacaciones un par de días antes de incorporarnos al puesto de trabajo, para dar una oportunidad al cuerpo de adaptarse a las rutinas, poder organizarnos y mentalizarnos, así como retomar los ritmos de sueño y comidas, que solemos alterar durante las vacaciones.
  • Por otra parte, para no abandonar completamente la actividad deportiva y los estímulos positivos que nos aportan placer y distracciones, podemos desarrollar alguna actividad de ocio compatible con nuestro horario laboral.
  • Como aún los días son largos, debemos ceñirnos a nuestro horario laboral, incluso si la empresa lo permite, durante la primera semana salir algo antes y disfrutar de unas horas al aire libre, y por supuesto, no llevarnos trabajo a casa.
  • Sería igualmente adecuado comenzar un miércoles o un jueves, para que esa primera semana laboral sea más corta y la incorporación sea más paulatina.
  • También podemos organizar durante los primeros fines de semana escapadas que nos permitan seguir disfrutando de las actividades que nos gustan y nos sirvan de aliciente durante el resto de la semana.
  • Mantener una actitud positiva, reflexionando sobre lo afortunados que somos al contar con un trabajo que nos permite poder tomarnos unas vacaciones.
  • Comenzar con las tareas que más nos gustan o más fáciles nos resultan, por lo menos el primer día.
  • Intentar dormir 7/8 horas para recuperar el sueño perdido durante las vacaciones y evitar el agotamiento laboral.
  • Promover la cordialidad y el buen trato con los compañeros.
  • Plantearnos algún reto que nos motive con el nuevo comienzo de curso. Por ejemplo, reducir el consumo de carne, leernos un libro a la semana o meditar diez minutos cada día.
  • Incorporar la meditación a nuestra rutina diaria será una muy buena forma de reducir el estrés, la ansiedad y mantener bajo control los pensamientos recurrentes negativos, así como relajarnos antes de dormir si la practicamos por la noche.

Resumiendo, podemos decir que las claves consisten en la incorporación paulatina al puesto de trabajo, mantener un espacio diario para las actividades de ocio, y así no perder los reforzadores positivos que estos nos aportan. Sostener un estado de ánimo alto y motivado, introduciendo pequeñas minivacaciones los fines de semana, y no dramatizar demasiado sobre el hecho inevitable de la “vuelta al cole”.

¿Volverán a confinarnos?

Un tema que este año puede añadir un plus de ansiedad ante el final de las vacaciones y la vuelta al trabajo es la preocupación ante un posible nuevo confinamiento.

Creo que este hecho debemos abordarlo con una nueva perspectiva, una diferente a cuando se nos confinó durante la primavera.

Porque ya no es la primera vez, ya no es una experiencia desconocida, por lo que esto reduce mucho el nivel de incertidumbre y nos coloca en el lugar “de expertos”. Y así debemos sentirnos. Ya sabemos de lo que va, por lo que ya tenemos recursos y rutinas a las que recurrir que nos hagan la vida más fácil ante un posible nuevo encierro. Ya sabemos cómo respondemos ante esta situación cada uno de nosotros, y podemos arbitrar medidas para que, si la situación se vuelve a repetir, nos resulte lo más llevadera posible, incluso me atrevería a decir, podamos llegar a disfrutar de ella.

Disfrutar de un tiempo privilegiado para estar con nuestros seres queridos cercanos, profundizar en la relación con nosotros mismos y conocernos mejor, hacer esas cosas en casa para las que nunca tenemos tiempo, e incluso planificar nuestras próximas vacaciones para cuando podamos volver a salir de nuevo.

En cualquier caso, mientras tanto, disfrutemos de lo que cada día nos trae sin adelantarnos a los acontecimientos, ya sea de los últimos días de vacaciones, o de la vuelta a un trabajo que nos permite sostener un cierto nivel de vida, vacaciones incluidas.


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