Estoy triste con la dieta: el papel de la familia como apoyo

El apoyo de la familia es imprescindible cuando estás triste con la dieta. Combina el proceso de Educación Alimenticia con la práctica de ejercicio.

¡Enhorabuena! Te resultará algo extraño que comencemos así este post sin conocerte prácticamente de nada, pero nos congratulamos que seas consciente que te sobra algo de peso y has dado el primer paso para equilibrarte. Seguro que te has marcado un objetivo, un logro tan sencillo en la cabeza como puede ser “volver a ponerme mi pantalón favorito que no me abrocha”.

¿Por qué estas triste?

Es normal que tu cuerpo necesite un periodo de aclimatación ya que no resulta fácil la adaptación de tu mente y tus hábitos a la nueva situación. Ahora eres consciente qué comes, con qué frecuencia y en qué momento; de este modo lo primero que interiorizas es la cantidad de comida que solías tomar a deshoras. Los clásicos picoteos entre una comida y otra se deben a la aparición de estados nerviosos que utilizan la comida para afrontar determinadas frustraciones, ansiedades y escapes que en realidad no contribuyen a encontrarte mejor. Sí, te sientes eufórica durante el instante en el que estás comiendo aquello que no te conviene: dulces, patatas fritas, etc.

Irremediablemente comer no soluciona tu estrés en el trabajo, el aburrimiento o los reveses por no haber conseguido algo. Durante mucho tiempo has permitido que estas conductas te sometieran, y ahora que sí tienes el control de lo que quieres es normal que aparezca en ti un estado de melancolía y tengas la sensación que te falta algo importante. Es justo ese síntoma el que debes transformar en un indicador que refleje el camino correcto en el que te encuentras.


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Lo mejor que puedes hacer es pensar que no sigues una dieta, sino que te encuentras en un proceso de Educación Alimenticia que ayuda a la corrección de malos hábitos de vida. Es una nueva energía que te impulsa a prosperar en tu salud y en tu manera de pensar. Actúas porque sabes que te sentirás mejor, tanto física como mentalmente, al tiempo que te estás quitando de un enganche a nivel psicológico. De este modo, dices progresivamente adiós a una esclavitud como es vivir para comer y te trasladas a un nuevo estilo de vida en el que comes para vivir. Mientras que en el primero no tienes el control, dejándote llevar por las apetencias permanentes (y todos somos blancos fáciles en cualquier supermercado si tenemos hambre), en el segundo se pasa a un estado de consciencia en el que controlas la cantidad de comida, la calidad de la misma y las horas más adecuadas para su ingesta.

La psicología nos ha enseñado que el tiempo que transcurre en adquirir nuevos hábitos es de 21 días. Por todo ello te animamos a quitarte el mono de los malos hábitos y permanezcas centrada al menos durante esos días. Tras este periodo habrás automatizado ciertos pensamientos y actuaciones resultándote muy sencillo; lejos de estar triste por lo que dejas atrás, te encontrarás exultante por lo que estás haciendo y los resultados logrados.

Si estás cambiando… ¡permite que lo sepa todo el mundo!

Abandonar un mal hábito nos cuesta a todos, por lo que te traemos una serie de consejos muy útiles que te ayudarán en este proceso:

  • Que lo sepa todo el mundo: nunca te avergüences por estar dieta. Tanto si pesas demasiado como si solo te sobra algo de peso ten en cuenta que estás haciendo lo correcto y debes sentirte orgullosa. Salvando las distancias, se trata de un proceso similar al de una persona que está buscando trabajo: cuanta más gente lo sepa, mejor. El apoyo de tus seres queridos seguro que es incondicional y estarán contigo en los buenos y malos momentos.
  • Las personas más cercanas a ti te ayudarán en la consecución de logros: ¿de qué manera?
    • Son tu apoyo moral: te animarán cuando lo necesites, te sacarán una sonrisa en cualquier momento y hablarán habitualmente contigo. Así evitarán que la tristeza te invada y, al mismo tiempo, conseguirán que dejes de pensar en la comida, evites el aburrimiento y te focalices en mejorar tu calidad de vida.
    • Evitando quedadas en restaurantes fast food.
    • Eliminando los denominados regalos gastronómicos.
    • Esquivando las compras un tanto caprichosas, como por ejemplo los bollitos rellenos de chocolate de una pastelería que les pillaba de camino mientras se dirigían a tu casa.
    • Tendrás aliados para compartir ejercicio físico: habrá quien te acompañe a pasear, subir escaleras o montar en bici.

¿Algún complemento alimenticio?

  • Hipérico o Hierba de San Juan: para cuando te sientes deprimida.
  • 5-Http: prueba con un precursor del triptófano si estás muy ansiosa.
  • Valeriana o melatonina: en caso de que tengas dificultad para dormir por las noches.

¿Combinación con ejercicio físico?

Nuestra recomendación siempre es que comiences de menos a más. Por ello te proponemos una actividad sencilla y que solo depende de ti: sal a caminar todos los días durante 30 minutos. No necesitas a nadie para practicarla ni una indumentaria específica y lo puedes realizar a la hora que desees; simplemente necesitas la suficiente fuerza de voluntad como para desarrollarla. ¡Puedo y quiero caminar 30 minutos diariamente!

Tu actitud: si tú cambias, todo cambia

La determinación es aquella energía que te impulsa a lograr todo aquello que te propones. Así que, si estás triste, es porque elegiste estar así. 

No se trata de prohibir, sino de reducir la cantidad ingerida y de quemar energía. No existen los milagros y todo depende exclusivamente de ti. ¡Querer es poder, seguro!


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