La importancia de la confianza para lograr nuestras metas y propósitos

Hace cuatro años tuve una rotura múltiple de tobillo a consecuencia de la cual sufrí una complicada operación y permanecí cuatro meses en silla de ruedas. Mis hijos se turnaban para llevarme a las revisiones. Tengo un hijo que es escalador y alpinista, que ha pasado por situaciones realmente duras a través de las que ha ganado una gran capacitación y confianza en sí mismo, confianza en sus recursos y sus capacidades. Cuando era él quien me llevaba a las revisiones yo me sentía mucho más capaz y motivada, mucho más confiada en mis posibilidades de recuperación y mucho más prepara para afrontar los retos y superar mi malestar. Su confianza era y es altamente contagiosa.

Todos sabemos que no hay nada que resulte más atractivo que una persona que irradie seguridad y confianza. Todos hemos conocido a esa persona que con sólo un apretón de manos es capaz de transmitir aplomo y auto-confianza. Todos querríamos ser ese tipo de persona bien enraizada a tierra que se yergue sobre sus pies mirando de frente el futuro libre de dudas y sin miedo.

Esa sensación de aplomo ante cualquier situación, de seguridad ante cualquier resultado, de falta de necesidad de control sobre el futuro o los acontecimientos, esa capacidad de asumir riesgos y aceptar tanto el éxito como la derrota con la misma humildad y desapego. Todo eso es lo que podríamos llamar confianza.

Como podemos ver, la confianza es un constructo social y psicológico, pero en realidad es mucho más que eso.

Auto-confianza

Una variante de la confianza es la confianza en uno mismo o auto-confianza. Consiste en la íntima convicción de que uno es capaz de cumplir una determinada responsabilidad o llevar a cabo una misión por difícil que parezca. En realidad, es una actitud mental que se manifiesta en la firmeza y convencimiento en la toma de decisiones. Es lo contrario a la inseguridad y a la sensación de falta de competencia personal.

Cuando una persona se siente segura de sí misma está más capacitada para asumir riesgos, tomar decisiones en situaciones delicadas, asumir responsabilidades, enfrentar obstáculos, defender sus propias ideas, no dejarse tratar injustamente y seguir sus corazonadas o intuiciones.

Podemos decir que la auto-confianza tiene varios componentes:

  • Un componente cognitivo consistente en una percepción interna que le hace sentirse valioso como persona, por poseer ideas, capacidades, valores o principios que lo hacen valioso para el colectivo al que pertenece.
  • Un componente emocional relacionado con la capacidad de expresar honestamente las propias opiniones y puntos de vista, de forma asertiva, es decir, respetando y aceptando que puede haber más puntos de vista posibles, pero defendiendo la idoneidad de los propios.
  • Un componente conductual o la capacidad de actuar de forma independiente, sea cual sea la opinión de los demás, cuando piensa que su posición es la correcta.
  • Un componente ético que consiste en hacer lo que se considera mejor y más adecuado en cada situación más allá del beneficio personal, o incluso en detrimento del beneficio personal.
  • Un componente transversal consistente en ser coherente, manteniendo la integridad entre lo que piensa, lo que siente y lo que finalmente lleva a la acción. La coherencia interna también llamada coherencia cardiaca es una vibración que se irradia y se capta. Las personas coherentes son percibidas como verdaderamente confiables y a todos nos inspiran respeto de forma innata.

Podemos fácilmente entender que una persona con estas características tiene mucho que aportar a un grupo empresarial o de trabajo. Y por otra parte tiene muchas posibilidades de convertirse en el líder de su propia vida y de su propio crecimiento personal.

Pero si no estamos aún en este grupo de personas que no sólo nos transmiten confianza, sino que también la inspiran y contagian, podemos trabajar para mejorar en esta cualidad tan atractiva y poderosa.

Cómo desarrollar la confianza en uno mismo

Aunque el momento crítico para el desarrollo de la confianza en uno mismo es la infancia, siempre podemos sobreponernos a su ausencia trabajando con auto-disciplina para mejorarla. Para lograrlo podemos:

  • En primer lugar, desarrollar integridad. Es decir, coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Entre nuestros valores y nuestras acciones. Esto es básico para potenciar la confianza en uno mismo. No traicionarnos a nosotros mismos haciendo en sentido contrario a lo que sentimos o pensamos.
  • No prometer lo que no podemos cumplir. Y respetar la palabra dada, cumpliendo con aquello con lo que nos hemos comprometido. No hacerlo resta fuerza a nuestras acciones, nos descarga de energía y nos hace sentir poco valiosos y capaces a nuestros propios ojos.
  • Participar con entusiasmo en la realización de las actividades con las que nos hayamos comprometido, dando siempre lo mejor de uno mismo. Quien da lo mejor en cualquier situación y bajo cualquier circunstancia aumenta de forma sólida la confianza en sí mismo, porque la vida le responde en consonancia. Dar lo mejor de uno mismo siempre lleva a recibir lo mejor, porque la vida siempre tiende a equilibrar el dar y el recibir.
  • No buscar excusas ni disculpas antes los errores, asumir que nos hemos equivocado y proponernos hacerlo mejor en la siguiente ocasión.
  • Responsabilizarnos de nuestras acciones o decisiones no buscando culpables a nuestro comportamiento. Lo contrario nos resta poder personal.
  • Buscar las herramientas cognitivas necesarias que nos hagan sentir capaces de enfrentar los restos y asumir las responsabilidades necesarias, por ejemplo, aprendiendo una disciplina nueva, una nueva técnica o desarrollando una nueva competencia.

Estas son algunas de las cosas que podemos hacer para lograr mejorar la confianza en pos de alcanzar nuestras metas y propósitos.

Conclusiones

Pero no olvidemos que la confianza siempre es un paso previo al resultado. Primero nos toca confiar en nuestras posibilidades de obtener el resultado esperado y el resultado vendrá tras la acción que completemos, muchas veces sin indicios que nos indiquen si hemos realizado la acción correcta y apropiada con respecto a la consecuencia esperada.

Eso es la confianza, pero de esa semilla plantada en la tierra saldrá el árbol que dé los frutos soñados, si somos capaces de esperar el tiempo necesario sin desenterrar la semilla para comprobar si el germen ha brotado. Sólo en el silencio y la oscuridad de su lugar bajo tierra la simiente puede acumular la energía necesaria para que el incipiente árbol rompa la cáscara y vea la luz del mundo.


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