La importancia de los abrazos para nuestro bienestar emocional y físico

Todos sabemos de las dificultades por las que la humanidad está atravesando los últimos meses. Desde que se inició la pandemia, una de las medidas de salud pública que se ha tomado, ha sido el distanciamiento social. Lo cual implica dejar de saludarnos dándonos la mano, besos o abrazos. El sentido del tacto, el contacto piel a piel, se ha visto drásticamente reducido a únicamente los miembros más cercanos de nuestro núcleo familiar, a aquellos con los que convivimos. Fuera de estos, está altamente recomendado abstenerse de tocarse.

Esto implica una reducción considerable en la cantidad de estímulos reforzadores positivos que podemos recibir, ya que somos una especie que recibe mucha información y placer en el contacto piel a piel, a través de las manos, de las caricias y los abrazos. Todo esto es de vital importancia no solo para nuestro sistema emocional, sino para nuestro cerebro, ya que, en nuestro esquema cerebral, el órgano con una mayor representación neuronal es la piel.

Además, el sentido del tacto interviene en el desarrollo neuronal, fomentándolo de forma saludable cuando es adecuado, y empobreciéndolo, cuando es deficitario.

Estudios de los años 60 demuestran cómo niños criados en orfelinatos, a los que raramente se cogía en brazos, desarrollan, entre otras deficiencias, una talla y peso muy por debajo del percentil adecuado para su edad. Tan vital son los abrazos.

Se nos coge en brazos cuando nacemos, siendo éste uno de los placeres más grandes para el recién nacido que viene al mundo. También lo es para la madre, los abuelos o cualquier persona que decida sostener al pequeño entre sus brazos, cerca del corazón.

Y desde ese primer contacto, a lo largo de la vida, vamos a abrazarnos como forma de crear vínculo, de dar y recibir amor, como demostración de afecto y cariño. Nos abrazaremos para demostrar apoyo, para recibir y despedir. Cuando llegamos y cuando nos vamos lejos, cuando regresamos al grupo o nos apartamos de él, lo hacemos, las más de las veces con un cálido y sentido abrazo.

También nos abrazamos para expresar alegría, para consolar nuestras lágrimas, para paliar la tristeza, o para, como en el caso de los niños pequeños, inducir al sueño, a través de ese movimiento suave y rítmico, nombrado con una palabra casi mágica, mecer.

Por lo tanto, los abrazos nos ayudan a recuperarnos de nuestras heridas, alivian nuestro sufrimiento y nos recomponen el corazón. Un abrazo sincero, nos llena de amor del bueno, no hay palabra más sentida, ni acción más empática, que recibir un abrazo.

Con los pelos de punta y la piel de gallina, me doy cuenta ahora de todo lo que hemos perdido, y lo urgente que se hace recuperar esta práctica antes de que sea demasiado tarde y sus efectos se hagan notar en nuestra fisiología cerebral.

Porque los abrazos liberan oxitocina, serotonina y dopamina, hormonas relacionadas con el placer, generando una gran sensación de bienestar y felicidad, lo que lleva a su vez a una mejora de la autoestima, haciendo que suba el ánimo y la energía. Por otra parte, estimula el nervio vago, lo que hace que descienda la presión arterial, y reduce el nivel de cortisol en sangre, lo que reduce el estrés.

Beneficios de los abrazos

Así, algunos de los beneficios de recibir abrazos, son:

  • Los abrazos contribuyen a satisfacer nuestras necesidades básicas de afecto, siendo una vía por la que este llega a nosotros de forma bastante aséptica y libre de la carga sexual, tan difícil de manejar muchas veces.
  • Nos aporta confianza y seguridad, apoyando al recién nacido que llega vulnerable y desprotegido a un mundo desconocido y lleno de potenciales peligros.
  • Ayudan a mejorar nuestra autoestima, ya que recibir un abrazo nos hace sentir queridos y que somos importantes para alguien.
  • Generan placer, ya que estimula las hormonas relacionadas con esta sensación.
  • Ayudan a disminuir el estrés.
  • Hace que bajen los niveles de cortisol en sangre, con lo cual disminuye la tensión arterial y la respuesta de miedo. Lo que tiene un gran beneficio para la salud general de nuestro organismo.

En busca de las soluciones

Lo más probable es que si fuéramos conscientes de los beneficios que conlleva dar y recibir abrazos, no hubiéramos dejado escapar ninguna oportunidad que se nos presentara en el pasado para fundirnos en uno de ellos. Pero, aunque ahora tenemos pocas oportunidades para practicarlos, aún nos quedan algunas. El mayor problema es que en nuestra sociedad somos bastante tímidos en estas situaciones y nos da vergüenza pedir un abrazo, o darlo de forma espontánea sin motivo aparente.

Desde aquí aportamos algunas ideas que pueden ayudar a resolver esta situación y facilitar que nos abracemos.

En primer lugar, decir que un abrazo, para que sea realmente efectivo, tiene que durar un mínimo de 20 segundos y darse del lado izquierdo, corazón con corazón. Dicho esto, proponemos las siguientes ideas:

  • Pedir abrazos cuando lo necesitemos, igual que pedimos que nos echen una mano con cualquier otro tema. Para ello podemos avisar que vamos a empezar a actuar de esta manera y, a la vez, podemos animar a los que viven con nosotros a que hagan lo mismo.
  • Pactar un número de abrazos al día, incluso acordar unos momentos al día para darlos. Como si tuviéramos una cita, o como hacemos cuando sabemos que nos vamos a reunir a comer tres veces al día. Esto no resta beneficios al abrazo, de ningún modo.
  • Jugar a que, si alguien se salta una norma impuesta ese día para el juego, la prenda a pagar será dar un abrazo. Por ejemplo, no poder decir una palabra, o antes de comenzar a hablar decir siempre un color, y así cualquier excusa que nos sirva para dar y recibir este regalo.
  • Si estamos solos, o ninguna de estas alternativas nos parece viable, dedicar unos minutos al día a abrazarnos a nosotros mismos, imaginando que somos un niño pequeño, y con todo el amor del que seamos capaces.

Sabemos que saldremos de esta, y lo haremos, como siempre, más fuertes, más sabios y más amorosos. Siempre la humanidad se ha crecido ante las dificultades. Que cuando volvamos a la normalidad lo primero que hagamos sea darnos un abrazo enorme, sin ningún pudor y sin ninguna vergüenza.


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