¿Molestia, dolor o exceso de entrenamiento?

Conoce las diferencias entre dolor y molestias en el entrenamiento deportivo y 10 tips para prevenir las molestias y el dolor y recuperarte fácilmente de ellas.

El ejercicio no debería producir dolor nunca, esa es la primera premisa de la que hay que partir siempre que hagas deporte a nivel amateur. No eres Rafa Nadal ni otros deportistas de élite, más acostumbrados a convivir y jugar con dolor, por lo que tienes que atender a esta alarma que envía tu cuerpo ante una posible lesión para que descanses y analices qué te podría estar pasando o qué es aquello que estás haciendo mal en tus entrenamientos.

Jamás se debería entrenar con dolor, pero en muchas ocasiones no atendemos lo suficiente a las molestias que aparecen durante los entrenamientos y culminan en lesiones más graves que te pueden tener varias semanas o incluso meses en el dique seco. Es cierto que con molestias se puede entrenar, pero debes cuidarte y prestar una especial atención en cada uno de los ejercicios.

El gran problema lo encontrarás cuando te hayas fijado una meta que cumplir. Por ejemplo si llevas un trimestre preparando un 10K como la San Silvestre Vallecana o una media maratón, forzar la maquinaria después de las primeras molestias resulta contraproducente para tu salud pero te puede más el deseo por conseguirlo que el incremento en el riesgo de sufrir una lesión. En este duelo entre lo emocional y lo racional, nuestro consejo es que abandones los entrenamientos hasta que el dolor muscular desaparezca por completo.

Diferencias entre dolor y molestia en el entrenamiento deportivo

Nuestra incapacidad para diferenciar entre dolor y molestia es una de las principales causas de la aparición de lesiones y una de las mayores distinciones entre los deportistas amateurs, que hacen ejercicio para mantenerse en forma o como vía para quitarse algo de peso, y los profesionales, que conocen su cuerpo a la perfección y los límites a los que pueden llegar.

Por ello, a continuación te mostramos las diferencias entre dolor y molestia:

  • Conoce a tu propio cuerpo, escúchalo y no sobrepases tus límites: el progreso en los entrenamientos debe producirse de manera paulatina. ¡Este es el pilar sobre el que se sustenta la práctica deportiva!
  • Las molestias son más normales que el propio dolor y tienen una duración que oscila entre 1 y 2 días.

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  • Las molestias generan incomodidad, cansancio y pesadez del cuerpo y suelen presentarse tras la finalización del entrenamiento. En este sentido, las molestias son positivas porque significan que te estás adaptando a los entrenamientos y progresando a nivel anaeróbico y aeróbico.
  • Si se siente en todo el cuerpo, nos encontramos frente a unas molestias referidas a un cansancio general. Es muy fácil notarlo en las piernas.
  • El dolor se manifiesta en lugares específicos del cuerpo.
  • El uso inapropiado de calzado deriva en la aparición de dolor. Por ejemplo, es habitual que tengas dolor si entrenas en superficies muy duras como el asfalto.
  • El dolor puede aparecer ante la falta de descanso y la ausencia de un calentamiento previo al inicio de los entrenamientos.
  • La mala alimentación puede desembocar en dolor. De igual modo sucede si no aportas los nutrientes necesarios a tu organismo tras el entrenamiento.
  • Además puedes sentir un malestar al comenzar unas rutinas deportivas o en los primeros compases de un nuevo plan de entrenamientos más exigente que el anterior.

10 tips para prevenir las molestias y el dolor y recuperarme de ellas

  • Utiliza una indumentaria cómoda y protectora. Por ejemplo, los tenistas tienen la raqueta adaptada a su medida y usan una muñequera para prevenir dolencias en el futuro.
  • Si estás haciendo deporte por primera vez tras un largo periodo de tiempo, comienza poco a poco e incrementa la duración de los entrenamientos y la intensidad de forma gradual.
  • Realiza un calentamiento antes de hacer ejercicio y estira durante 10 minutos tras la finalización del entrenamiento. Aumenta paulatinamente la intensidad del calentamiento y tu ritmo cardiaco para que la sangre llegue a los músculos de las extremidades.
  • Procura exigirte por encima de tu límite si notas algunos síntomas leves como pueden ser la sensación de debilidad, tirones, contracturas, pinchazos y calambres.

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  • Descansa un día a la semana para sintetizar las proteínas encargadas de crear el músculo, la hemoglobina y la reparación de tejidos.
  • Que el monitor de gimnasio o tu personal trainer planifique tu plan de entrenamientos acorde a tu estado físico actual y a las modalidades deportivas que más encajan con tu personalidad.
  • Varía el tipo de ejercicios: combina en tu plan de entrenamiento los ejercicios de resistencia, velocidad y fuerza. Otra posibilidad consiste en ir cambiando la zona del cuerpo que entrenas: puedes realizar ejercicios de espalda, pierna y pecho con el fin de no cargar siempre las mismas partes.
  • No te olvides de los masajes y la natación: con ambas conseguirás evitar contratiempos como son las lesiones o las contracturas. La natación, además de ser una de las disciplinas deportivas más saludables, alarga el músculo.
  • Duerme las horas diarias necesarias: aunque el mínimo se encuentra en 6 horas, los hombres y mujeres deberían dormir 8 y 10 horas diarias, respectivamente.
  • Hidrátate de forma continua: antes, durante y después del ejercicio.

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