Qué es la ternura y cómo atraerla

A la semana escasa de cumplir los siete años hice la Primera Comunión. Unos días antes mis tías me dieron su obsequio.

Era un pequeño paquete bien envuelto que abrí con increíble cuidado. Tras el papel de regalo había un fino papel de seda que intenté retirar con delicadeza.

Recuerdo que me embargaba la emoción, el simple hecho de abrir un regalo ya me predisponía a ello.

Cuando separé completamente las finas capas del suave y blanco envoltorio, mi corazón se llenó de una sensación difícil de describir en aquel momento. Se arrebató de una profunda calidez, el calor subió hasta mis mejillas e inundó mis ojos. Los dedos tocaron aquel objeto y se abrieron a las sensaciones. La sorpresa me provocó una súbita exclamación y me quedé completamente boquiabierta, paralizada.

Ahora sé, que lo qué sentí aquel día frente a mi regalo de Primera Comunión, fue ternura en su estado más puro.

Creo que este es el recuerdo consciente más vívido y temprano que tengo de la ternura, y en él están todos los componentes que la definen.

¿Qué es la ternura?

La ternura es mi asombro ante lo que recibí y que no esperaba.

Ternura es la caricia con la punta de los dedos que se posan suavemente sobre una mejilla sonrosada.

La ternura es cuando tu hija se mete en tu cama la noche de Reyes.

Ternura es la mirada de un padre ante las primeras notas al piano de su hijo.

La ternura es una característica de la atención que se ofrece sin ningún tipo de coacción. Es discreta y, a la vez, algo efímera, se desarrolla en la más profunda intimidad, en la sutilidad de los sentimientos y emociones.

A menudo se capta fugazmente en la intensidad de un gesto o en el tono de las palabras, aunque esta cualidad de los afectos se comparte mucho mejor con la mirada, los actos, las atenciones e incluso con el silencio.

Todo lo que se fuerce o se imponga no puede ir asociado a la ternura.

Recibir ternura es sentirse apreciado y reconocido. Te hace sentir realmente importante, porque hay alguien a quien le importas de verdad.

La ternura tiene que ver con la piel y el sentido del tacto, con el cuerpo en su aspecto más físico.

Todos tenemos la posibilidad de expresar ternura. La ternura debería disponer de un lugar permanente en la vida cotidiana y poder ser manifestada sin ningún tipo de temor en las relaciones sociales. Pero en realidad hay muy pocas personas que sean capaces de abrirse, de expresar sus propios sentimientos, y dar y recibir ternura con total confianza. Sin embargo, a lo largo de nuestra vida todos sentimos más de una vez la necesidad de ternura, ya que esa una de nuestras necesidades fundamentales.

Aprendizaje con ternura

La ternura arde en nuestro corazón y en la punta de nuestros dedos pujando con fuerza por ser reconocida y compartida, pero en la sociedad actual hay una gran carencia afectiva. 

Hay una gran dificultad para abrirse, aceptar las propias emociones y dejarlas fluir con naturalidad y de forma desinteresada a través de la piel y del tacto. Básicamente, por miedo a que esta demostración se cargue de contenidos relacionados con el deseo sexual, ya que suele costar trabajo la gestión de estos límites.

Porque la ternura no pide nada a cambio, es una atención generosa que surge del momento presente compartido de forma completamente espontánea y que no espera reciprocidad.

Pero vivimos en un gran desierto afectivo en el que apenas hay espacio para una relación de calidad, porque no sabemos utilizar lo mejor de nosotros mismos, es más, ignoramos lo que somos, el gran tesoro que poseemos.

Y quizás lo único que haya que hacer sea abandonar nuestros miedos, dejar atrás los prejuicios y enfrentarnos a todo lo que pueda depararnos un nuevo encuentro.

Uno de los ámbitos en los que nos puede resultar más fácil manifestar la ternura es en nuestra relación con los niños, ya que su vitalidad, espontaneidad y mirada de asombro nos invita a compartir con ellos expresiones de ternura.

Es importante que nos demos cuenta de que todos los momentos de nuestra vida cotidiana pueden ser enriquecidos por ella. Y es precisamente porque esos actos se van a repetir infinitas veces al día por lo que es interesante que los convirtamos en algo especial, y con ello la ternura quedará grabada en cada poro de nuestra piel.

Así, la hora de la comida o del baño son momentos de gran intercambio a todos los niveles. Las situaciones vividas en nuestra infancia en esos momentos grabarán en nuestros cuerpos multitud de mensajes que serán los que confirmen o inhiban nuestra capacidad de dar o recibir, de confiar o desconfiar… para toda nuestra vida.

Por ejemplo, en los momentos de aseo infantil será cuando se grabe la imagen que tenemos de nosotros mismos. La forma en la que se enjabone el cuerpo, se arrulle, se seque… contribuirá a conformar la imagen corporal que presentaremos al mundo, y por medio de la cual lograremos que se nos reconozca en el doble juego de la atracción y el rechazo. A ello se añaden los comentarios, cariñosos y de reconocimiento, o bien de reproche o incisivos. Son momentos clave para aportar la mirada, los gestos de ternura y confirmación que necesitan el cuerpo del niño y el adolescente. La ternura podría vivirse sobre todo añadiendo juego, fantasía y locura a esos momentos de la vida cotidiana.

Cómo atraer la ternura

La presencia de la ternura es nuestra vida necesita de ciertas condiciones que, si no están aún, podemos cultivar y desarrollar para conseguir atraer la ternura que tan vital resulta ser para nuestro bienestar afectivo. Estas son algunas claves para conseguirlo:

  • Disposición a recibir: aunque a la mayoría nos cuesta recibir, podemos desarrollar esta capacidad si prestamos más atención a nuestras necesidades y a nuestros miedos. Solemos desarrollar actitudes que nos obligan a responder de forma negativa o con rechazo a lo que realmente necesitamos. Cuando estemos dispuestos a recibir, estaremos menos necesitados de pedir o de coger. Recibir, en el ámbito de la ternura, significa estar dispuesto a aceptar lo que somos para otra persona y lo que otra persona significa para nosotros.
  • Darnos tiempo: la ternura necesita tiempo, al contrario de la pasión que vive en la inmediatez. Tomarnos el tiempo necesario para dar un abrazo en condiciones, para percibir al otro y reconocerlo, para parar la mirada sobre su obra y hacer un comentario conectado desde el corazón. Las prisas del mundo moderno matan la ternura. La ternura necesita del momento presente y para ello necesitamos aprender a vivir realmente donde estamos.
  • La ternura necesita espacios: necesita de espacios de intimidad, podemos crear estos espacios delante de una multitud a través de una mirada, un detalle o un gesto. Debemos proporcionar un espacio al otro solo para él, en el cual no nos inmiscuiremos sin haber sido invitados.
  • Abrirnos a nuevas formas de relacionarnos: debemos soltar los puntos de vista rígidos y estereotipados para abrirnos a nuevas formas de relación que nos permitan ser más flexibles y fluidos con nuestros afectos. Entre la provocación y el retraimiento hay muchas formas posibles para atreverse a un encuentro e intentar compartir un instante de ternura.
  • Recuperar la espontaneidad: necesitamos volver a ser espontáneos para atraer la ternura a nuestras vidas. Dejarnos llevar por esa cálida sensación que necesita de la cercanía física para ser expresada. Permitirnos reconocer lo que sentimos sin hacer juicios y sin miedo a que nos juzguen. Sin evaluar las consecuencias de esa leve y sutil manifestación de afecto, ni reprimir y contraer nuestro gesto.

Ternura con respecto a uno mismo

Todos queremos ser amados, pero frecuentemente nos olvidamos de amar esa parte de nosotros mismos que es la que necesita más atención y aceptación.

Si, por el motivo que sea, me desprecio a mí mismo, me infravaloro, o me avergüenza de mí, esos van a ser los únicos sentimientos que pueda ofrecerá a los demás. Es más, serán los únicos que reciba de ellos.

La dificultad para amarnos a nosotros mismos está en la dificultad para recibir, acoger y dejarnos llevar, en definitiva, a nuestra discapacidad para la aceptación.

Necesitamos reservar tiempo para nosotros mismos, para cuidarnos, conocernos mejor, saber quienes somos. Cuáles son nuestras verdaderas necesidades, recursos y limitaciones. Y así aceptarnos tal como somos de forma plana y consciente.

Siendo la ternura una forma de respeto cariñoso, la falta de respeto hacia uno mismo se convertiría en un obstáculo para la propia ternura, así como para aceptar la ternura ajena.

Necesitamos amarnos tiernamente, con cuidado, sensibilidad, respeto, calidez, aprecio sincero y alegría. Solo así estaremos preparados para atraer la ternura y poder corresponder a esos pequeños presentes con un corazón inocente y espontáneo.

…Cuando conseguí abrir el regalo de Primera Comunión, ante mis infantiles y asombrados ojos apareció algo absolutamente inesperado: un Niño Jesús en pañales de escayola pintada. Pura inocencia, ternura pura.


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