Superando la esclerosis a través del deporte

Esta es la historia de un valiente, de un luchador, de un deportista, de un amante de la vida.

El día que conocí a Alberto yo ya había oído hablar de él. Mi hijo es su profesor de escalada, y me contaba que tenía un alumno especial, un chaval que, a pesar de tener una esclerosis múltiple, estaba muy fuerte, y no sólo iba al rocódromo varias veces a la semana, sino que además lo hacía en su bici. Un día visité el roco y, cuando llegué, vinieron a saludarme todos los alumnos, unos más jóvenes que otros, algunos más mazados y otros más flojos… Entre todos, el que menos parecía que tuviera una enfermedad tan complicada, era Alberto. Alberto destacaba en el grupo por lo fuerte que está. Fuerte de cuerpo, de mente y de espíritu, fuerte por fuera y fuerte por dentro. Fuerte, que no duro, porque Alberto es altamente sensible y empático, muy buena gente y una gran persona.

Alberto comenzó a escalar por consejo de su neuróloga, en la que tiene confianza absoluta. Desde joven, Alberto había practicado con gran entusiasmo béisbol, con lo que empezó, y más tarde, patinaje sobre hielo, atletismo, natación… Pero él notaba, desde siempre, incluso en sus clases de educación física del colegio, que algo le pasaba en su lado izquierdo, menos hábil, más débil, sin saber por qué. Hasta que, tras un brote, con 17 años le diagnosticaron la esclerosis y, entonces, todo cobró sentido.

Su neuróloga le propuso la escalada como modo de encontrar una mayor simetría corporal y de desarrollar propiocepción, ya que le costaba sentir control sobre su lado izquierdo. Por ello mismo, también acude a clases de natación, que no las abandona nunca.

Alberto comenta que posiblemente su primer brote se produjo a los días de nacer. Alberto pasó su primera semana de vida en la incubadora, y allí ya le daban temblores en su brazo y pierna izquierdos.

¿Qué significa el deporte para ti?

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que el deporte es la forma natural de luchar contra la enfermedad. Se puede hacer con medicamentos, pero esto me enriquece más, aunque es más fácil con medicamentos. Me aporta muchísimo tener actividad física, y rodearme de la gente que merece la pena rodearse. Para luchar con mi enfermedad, ha sido parte importante de mi tratamiento haber encontrado grandes personas en la escalada. Y la tranquilidad que te aporta el deporte, todo eso ayuda.

Yo he visto en ti ciertos rasgos de personalidad, eres muy positivo, optimista, afectuoso… ¿De dónde sacas la fuerza para ser como eres, a pesar de todo?

Bueno, no siempre soy tan afectivo, tengo que ver que las personas son buenas personas, y que tienen empatía conmigo y con los demás. Si veo que la gente hace daño a otros, es como si me lo hicieran a mí mismo, con esas personas no quiero saber nada. Por otra parte, tengo mucha fe en mi neuróloga, ella me dijo: “No te reveles contra la enfermedad, nunca. Acéptala como es, y no te preguntes nunca, por qué a mí”. La propia vida te hace afrontarlo, superarlo y aceptarlo. Ante los brotes nunca me he rebelado, siempre he pensado que si lo hacía, tenía dos problemas, el brote y mi rebeldía.

Tienes mucha fe en tu neuróloga, parece una pieza clave en tu proceso.

Mi neuróloga es una extraordinaria profesional. Estuvo conmigo cuando me dio un brote en la noche de Reyes, esa noche me hicieron las pruebas que sirvieron para el diagnóstico. Ella tenía dos niños pequeños y no se separó de mi cama en toda la noche. Es una gran profesional y muy buena persona. Mi doctora ha sido un gran apoyo, me ha hecho muy fuerte para poder afrontar la enfermedad. Yo he tenido brotes con mucho dolor y mucho malestar, y sólo hablando con ella era como si me sacara de ese estado de conciencia en el que te sumerge el brote, como que te saca de ti mismo. Y si lo extrapolas a tu entorno, es muy importante saber de quién te rodeas, sentir que a tu alrededor hay cariño. También poder explicar tu situación abiertamente como enfermo de esclerosis, tus límites, que a veces, son apenas ninguno. Porque según mi profesor de escalada, Javi Guzmán, paso por una persona absolutamente normal, sin ninguna limitación.

Yo me he ido a caminar solo por un pinar tras un brote, a caminar cojeando, para no pasar apuro caminando mal delante de los demás. A veces yo mismo también me pregunto de dónde saco las fuerzas para afrontar de esta manera estos desafíos.

Hace dos meses Alberto se cayó de la bici de una forma tonta, en una rotonda que estaba mojada y llena de hojas secas. Tuvo una rotura de la cabeza del fémur. Le operaron y le pusieron dos clavos. A los dos meses ya está corriendo para recuperarse. Nunca ha dejado de asistir a sus clases de natación, y ya está de nuevo en el roco. No sabe cómo, pero saca fuerzas de flaqueza. Yo le digo que, siendo escorpio, nació un siete de noviembre, es como el Ave Fénix, renace una y otra vez de sus cenizas. Me dice que así es, que no cree en el horóscopo, pero que con esto resuena. Dedicamos unos minutos a explicar la diferencia entre el horóscopo y la astrología seria.

La rotura, además, le ha sucedido en plena pandemia de la covid-19. Pero Alberto se dice a sí mismo que, al lado de un brote, esto es pan comido. Su experiencia con la enfermedad le ha ayudado a superar esta situación y su traumatólogo está muy sorprendido de su rápida recuperación.

Creo que has obtenido un premio de la Fundación Merck Salud, por un corto-documental, ¿cómo surge este proyecto?

Surge con un voto de confianza de mi amigo Javi, mi monitor de escalada. Yo le pregunté por un proyecto, alguno asequible que pudiera hacer, y me dijo que lo pensaría. Más adelante, un día fui a consulta con mi neuróloga, y me planteó que por qué no hacía un vídeo de escalada para presentar a la Fundación Merck. Porque a los congresos que ella va, la gente presenta cosas así. En la Fundación todo está relacionado con el tema de la esclerosis. Yo se lo conté a Javi a ver si podíamos hacer algo, un vídeo, y él me contestó que un vídeo no, que ya puesto mejor hacíamos una película. Al día siguiente me dijo: Ya sé lo que vamos a hacer, el Naranjo. Yo le contesté, ¿tú me ves en el Naranjo?, porque si tú me ves, yo hago lo que tú me digas. Me dijo que en este momento aún no, pero que, si me ponía fuerte y me lo proponía en serio y con ganas, por qué no.

Se lo propusimos a otro compañero del roco que está en el mundillo del cine, Álvaro, y se implicó como productor. De cámara tuvimos la suerte de contar con Aitor Bárez, amigo de Javi, y con el que él ya había hecho alguna cosa.

Cuando le conté a mi neuróloga el proyecto, flipó y le pareció una barbaridad. Ella se imaginaba unas cuantas imágenes de escalada, no una subida a una cumbre emblemática como es la del Naranjo. En la Fundación, cuando vieron el documental, fliparon con lo que había hecho un esclerótico. Y yo, cuando vi el Naranjo desde abajo, me dije, ¿dónde te has metido Alberto? Porque el Naranjo es tan alto que, si lo miras desde su base hasta arriba, te caes de espaldas. Cuando Javi me vio cómo lo estaba mirando, me dijo, ¿Qué, te parece pequeño o te parece grande?

¿Tenéis algún otro proyecto a la vista para cuando te recuperes de la rotura?

Hay más cosillas por ahí para hacer, pero sí, hay un proyecto a la vista muy divertido, que no significa que no sea una cosa muy seria, nos lo vamos a pasar muy bien haciéndolo.

A pesar de esta contestación, sé que, aunque yo le siga preguntando, Alberto jamás revelará su secreto, el secreto de su nuevo proyecto, Javi le tiene bien enseñado.

¿Qué te ha aportado la escalada como deporte?

A través de la escalada he ganado más confianza en mí mismo. Y más conocimientos técnicos de escalada a través de mi profe. Cuando yo voy a salir a escalar, siempre trato de que sea con Javi. Porque confío plenamente en él, porque sin él, no hubiera subido el Naranjo. Todo esto se junta para crear un buen caldo de cultivo que me ayuda a superar mi enfermedad. En el trabajo también me rodeo de buena gente. Y en mi trabajo la casualidad ha hecho que el hermano de mi jefe también tuviera esclerosis, por lo que siempre está muy pendiente de mí. Todo esto es un gran apoyo, porque no es lo mismo tener que enfrentarte a la enfermedad solo, que hacerlo acompañado, que la enfrenten otros conmigo. Porque yo solo no puedo, pero con mis amigos sí.

Y tus padres, ¿cómo llevan todo esto?

Mis padres, viendo cómo yo lo afronto, pues la historia cambia mucho. Ellos eran los que más me preocupaban, siempre. Pero al ver ellos cómo afronto el día a día, están contentos. Cuando me ven activo y desconectado de la enfermedad se les ve muy bien.

Y Alberto sigue comentándonos: A cada uno en la vida nos toca algo, y a mí me ha tocado esto. A veces lo que nos toca no son enfermedades, son problemas. La vida te manda una enfermedad, pero también la personalidad adecuada para afrontarla. En este momento de mi vida, sobre todo lo que siento es satisfacción personal, al pensar que estoy afrontando las cosas que me están pasando en la vida de una forma equilibrada.

Por otra parte, decir que todo esto lo he hecho siempre respetando y valorando a esas personas con esclerosis que no pueden ni llevarse una cuchara a la boca. Porque yo he estado en brote, y no podía ni cambiar el canal de la televisión. Así que entiendo y respeto que a una persona le doblegue esta enfermedad, porque te condiciona, no sólo a nivel físico, sino también la personalidad, tu forma de comunicarte… Pero se está investigando mucho para que podamos tener una vida mejor en el futuro.

¿Has pensado en ayudar con tu experiencia de superación a otras personas con esta misma enfermedad?

Me siento buena persona, como ejemplo te puedo decir que colaboro con diez ONG’s; y sí, me gustaría poder ayudar a otras personas con lo mismo que yo. Pero me da miedo que se me malinterprete, y que lo que yo pueda contar, se escuche de manera errónea. Porque sé que hay personas que están en una silla de ruedas pasándolo muy mal y no puedo irles yo con mi historia de superación porque he subido el Naranjo. Porque para ellos la superación, en su día a día, muy dura y valiosa también, es poder llevarse la cuchara a la boca, o cambiar de canal con el mando a distancia.

Llevamos dos horas hablando, y seguiríamos mucho más porque Alberto es, literalmente, un amor de persona, que me envía besos y abrazos miles para toda la familia. Pero en un rato tiene roco, y debemos dejar aquí la entrevista.

Para mí ha sido suficiente, y me ha quedado claro que, a veces, no siempre, pero sí a veces, querer es poder. Y si no puedes solo, con los apoyos adecuados, sí puedes. Alberto, con una esclerosis múltiple desde el nacimiento, tiene el suficiente coraje, valor, empeño y constancia, como para haber frenado a la enfermedad hasta el punto de realizar una de las ascensiones más emblemáticas de la península. Pronto, a lo mejor no tanto como él quisiera, estará de nuevo encaramado en una pared a gran altura, en compañía de su amigo, profesor y compañero de cordada, Javi, superándose a sí mismo y desafiando a una enfermedad que le puede dejar paralizado en el momento más inoportuno. Mientras tanto, seguirá demostrando con humildad y empeño que, a veces y a pesar de todo, sí se puede.


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31 octubre / 2016

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