Trabajando para restaurar el desastre ecológico causado por Filomena en los bosques de Madrid

Durante los primeros días de enero, la borrasca Filomena asoló gran parte de la zona norte de la península. En realidad, sólo se salvaron Levante, el Sur de España y Extremadura. En la Comunidad de Madrid estaba anunciada la nevada más abundante en los últimos cien años, pero todas las previsiones se quedaron cortas. El alcalde de Madrid comentó que en la capital estaban preparados para recibir veinte centímetros de nieve, pero nadie se esperaba lo que sucedió. Nevó y nevó durante el día y la noche y al día siguiente siguió nevando. Tanto, que las grandes vías de circunvalación de la ciudad se convirtieron en pistas de esquí improvisadas. En las calles, los coches quedaron completamente sepultados. Más de medio metro de nieve cubría las aceras. En algunas zonas pudimos ver cómo la nieve llegaba a la altura de las caderas de personas que se hicieron fotos para inmortalizar la nevada del siglo. Era impresionante, jamás habíamos vivido esto en la capital. Segovia, Burgos, León están acostumbradas, pero aquí esto era desconocido y, de una magnitud tal, que los institutos y colegios se cerraron. Incluso las universidades, en plena época de exámenes tuvieron que posponerlos.

Mención aparte se merecen los parques, zonas verdes y bosques de Madrid que han sufrido una devastación absoluta. Cientos de miles de árboles están dañados, algunos irremisiblemente. El desastre ecológico tiene unas dimensiones apocalípticas.

Para ayudar a rescatar a nuestros árboles se han puesto en marcha equipos de jardineros que están tratando de salvar el mayor número de árboles posible. Con ellos colaboran escaladores y alpinistas que se han sumado al trabajo como técnicos en altura, ya que muchas de las ramas dañadas están a veinte e incluso treinta metros de altura.

Uno de estos alpinistas es Javi Guzmán, miembro del Equipo Nacional de Alpinismo y al que ya conocemos porque le hemos entrevistado en alguna otra ocasión. Hoy nos habla de este tema que tan de cerca nos toca a todos los que amamos a nuestros árboles.

¿Cómo es que contactaron contigo?

Porque están desbordados de trabajo, hay muchísimos árboles dañados, no dan abasto. No hay suficientes técnicos para asumir el volumen de trabajo que hay en este momento. Y a alguien se le ocurrió que se podía recurrir a escaladores y alpinistas, ya que somos perfiles que nos movemos bien en altura, estamos acostumbrados a las inclemencias del tiempo, a jornadas largas de esfuerzo sostenido y, además, amamos y respetamos la naturaleza. Así que se pusieron en contacto conmigo y me pidieron que formara un equipo, inicialmente de cinco personas, que pudieran trabajar en altura. Hay escaladores que complementan su sueldo con este tipo de trabajos, pero en nuestro equipo sólo había una persona con experiencia en poda en altura. Los demás hemos tenido que aprender sobre el terreno y tengo que decir que no se nos ha dado nada mal. En realidad, el perfil del alpinista y el de el escalador es una persona acostumbrada a resolver situaciones sobre la marcha, a tomar decisiones rápidas, incluso a improvisar. Eso nos permitió arreglar 20 árboles el primer día, sin ninguna formación ni experiencia previa.

¿En qué zona estáis desarrollando vuestra actividad?

En principio estamos en Boadilla del Monte, pero toda la Comunidad de Madrid está igual de mal. Cuando llegamos a la zona de trabajo y nos bajamos del coche, casi no podíamos andar de la cantidad de ramas que cubrían el suelo.

¿Se están talando muchos árboles?

La intención es salvar todos los árboles que sea posible y para esto se está trabajando. Hay algunos árboles con heridas profundas que les facilitan enfermar y que se van a terminar secando, con lo que, muy a pesar nuestra, se tiene que tomar la decisión de talarlos, para que al secarse no se vayan a caer de forma descontrolada y resulte peligroso para las personas. El 70% de los árboles, por lo menos, está dañado. Hay muchas ramas rotas, desgajadas, ramas caídas unas sobre otras, de diferentes árboles. Árboles arrancados desde el cepellón. Es una verdadera pena ver el bosque tan dañado, se nos parte el corazón.

Háblanos de este trabajo

Es un trabajo muy técnico y peligroso. Hay que manejar herramienta en altura, con el riesgo que ello supone. No sirve sólo con controlar la escalada. Hay que estar vigilando las cuerdas, la sierra, la tensión de la madera para que, al cortar la rama, esta no caiga en la dirección equivocada, te caiga encima y provoque un accidente o presione la hoja de la sierra y esta quede atrapada y se parta. Así que es un trabajo extremadamente duro, técnico y exigente. Te exige máxima atención durante ocho horas al día. Vamos contra reloj. Además, hay que trabajar muy fino para dejar los árboles no sólo estéticos, sino preparados para que se repongan lo antes posible de sus heridas y no tengan infecciones. Eso es lo más importante, porque dependiendo de cómo se realice la poda, enfermarán o rebrotarán fuertes y sanos.

¿Cómo te sientes con esta actividad?

Me gusta mucho. A mí me apasionan la naturaleza y los bosques. Y la verdad es que es una forma de ayudarlos y también otra forma de estar en contacto con la montaña y la escalada. Porque, en realidad, también estamos escalando, sólo que, en lugar de hacerlo en roca, lo estamos haciendo en los árboles. Aunque trabajamos a cualquier altura, gran parte del trabajo se realiza a treinta metros y en situaciones bastante precarias, donde hay que estar muy despiertos porque estamos haciendo maniobras con una máquina que pesa veinte kilos. ¡Nos estamos poniendo fuertes!

¿Para cuánto tiempo piensas que va a haber trabajo?

No soy ningún experto en la materia como para permitirme opinar. Depende de la cantidad de gente que se contrate, de cómo trabajen los equipos y todo eso. Pero por lo que yo he visto, la gente no da abasto. Están haciendo jornadas de ocho horas seis días a la semana y, aun así, no llegan a cubrir la demanda. Sé que hay zonas que llevan días esperando a que lleguen los equipos de poda que han contratado, pero van con mucho retraso porque es un trabajo muy delicado y que hay que hacer muy bien. De ello depende el futuro de nuestras zonas verdes. Porque en realidad no sólo estamos podando, estamos salvando los árboles y, en definitiva, el bosque y los parques.

¿Sabes qué se hace con la madera que se está talando?

Nosotros, por ahora sólo estamos trabajando con pinos. Han resultado muy dañados, ya que, debido a su forma y altura, han acumulado mucho peso y, luego, lo que no ha hecho la nieve lo han hecho el hielo y el viento. Pero esa madera no sirve para leña, porque el pino explota y daña las chimeneas. Es como una bengala que se prende rápido, explota y luego se apaga sin dejar prácticamente ascuas, por lo que hace más daño que el calor que ofrece. Así que esa madera se trocea, se pasa por la trituradora y casi toda va a usarse de abono, cubriendo de astillas zonas que necesitan enriquecer el manto de la superficie.

Nos despedimos agradeciendo a estos equipos de alpinistas y escaladores de la Comunidad de Madrid, algunos pertenecientes a la élite de este deporte, que lo estén dando todo, igual que han hecho siempre. Sólo que ahora lo hacen para salvar árboles y devolver con esto a la naturaleza un poco de lo que ella les ha dado durante los años en los que la montaña y los bosques han sido para ellos fuente de disfrute y felicidad. Como siempre, nuestros deportistas siguen siendo un ejemplo de buen hacer, de cooperación, solidaridad y compañerismo.


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